Lectura: Hebreos 9:11-22

En un artículo de una revista médica que leí en el consultorio, mientras esperaba que el doctor me atendiera, hablaba de los porcentajes por tipo de sangre que  tenemos las personas a nivel mundial.  He aquí algunos de ellos:

  • Positivo: 38%
  • A Positivo: 34%
  • O Negativo: 9%
  • A Negativo: 7%

El tipo de sangre más raro del mundo es el AB Negativo, ya que sólo 5 de cada mil personas lo poseen, ello corresponde al 0.5%.  Sin embargo, el articulo terminaba con la siguiente afirmación: “El tipo de sangre más raro es aquel que no aparece cuando lo necesitas”.

Esta sorprendente verdad, me recordó un suministro de sangre que es único en su clase, y que siempre está disponible para todo aquel que la reclame, 1 Juan 1:7 nos dice: “Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado” .

Fue la muerte de Cristo, su sacrificio de sangre, el que satisfizo la demanda de un Dios santo, el cual exigía ese pago por rescate de nuestros pecados. El autor de Hebreos lo dice de esta forma “entró una vez para siempre en el lugar santísimo logrando así eterna redención, ya no mediante sangre de machos cabríos ni de becerros sino mediante su propia sangre” (Hebreos 9:12), y luego lo reafirmó así: “pues, según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Hebreos 9:22).  Gracias a ello, cualquier persona que clama a Dios por fe, se arrepiente de sus pecados y le pide perdón a Dios, recibe como respuesta la salvación.

Debemos estar profundamente agradecidos con Dios, porque Jesús estuvo dispuesto a morir en la cruz, dando su sangre por ti y por mí, para que el perdón esté disponible cuando tomemos la decisión de aceptar su regalo.

  1. Jesús tomó nuestro pecado y nos ofrece su salvación, ¿estás dispuesto a aceptarla?

 

  1. Gracias Señor porque tuviste misericordia de mí, y aunque no tenías que venir a morir por mí, te amo por ello mi Jesús.

HG/MD

“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).