Lectura: 2 Corintios 12:7-10
Durante la inspección final de una carretera por la que iban a circular una gran cantidad de vehículos pesados, descubrieron un verdadero peligro en las obras.
Debido a un error en el diseño, algunos puentes habían sido construidos para soportar su propio peso, pero no el peso del tráfico que se estimaba transitaría por encima de ellos. Entonces, antes de que pudieran abrir la carretera, los puentes defectuosos tuvieron que pasar por una reingeniería y reconstrucción profunda.
Es normal que en sus planos de construcción los ingenieros civiles tiendan a preocuparse principalmente por la resistencia a la tensión del material, especialmente para las estructuras que requieren soportar grandes cantidades de peso. La resistencia a la tensión es la máxima capacidad de estiramiento que un material puede soportar antes de romperse. Si el ingeniero hace un mal cálculo, puede suceder que la estructura se derrumbe debido a la presión.
De la misma forma, mientras transitamos por algunos momentos de la vida, nosotros podemos encontrarnos bajo el peso de la presión y las necesidades. Esto puede hacer que nos preguntemos si nuestro Señor, quien fue nuestro Maestro Ingeniero, habrá calculado mal nuestra “resistencia a la tensión”.
En muchas ocasiones creemos que vamos a derrumbarnos bajo el peso de las pruebas, pero nuestro Diseñador sabe exactamente lo que podemos manejar por Su gracia. El conoce nuestros límites y nunca permitirá que llevemos cargas más allá de las que podemos soportar. Tenemos la seguridad de que Dios puede enviarnos una carga, ¡pero nunca enviará una sobrecarga!
Reforzados con el acero de la provisión de Dios, nuestra resistencia a la tensión no fallará.
Puntos para la reflexión:
- Examina tiempos en tu vida cuando estuviste bajo tensión y cómo en medio de esos tiempos Dios actuó como una refrescante brisa de la mañana en tu vida, luego dale las gracias y glorifícalo.
- Empieza a dar pasos de fe y entrégate diariamente al que te puede sostener en medio de la adversidad.
Versículo para memorizar:
“Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12:10 – RVA15.
HG/MD. Ahora también puedes acceder a nuestros Podcasts especiales en Spotify, YouTube y Apple Podcast.
Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





0 comentarios