Lectura: Génesis 12:1-8

La mayoría de creyentes desean poder pasar un tiempo diario con Dios, orando y leyendo su Palabra.  Pero, en muchas ocasiones el exceso de actividades suele distraerlos, y la frustración aumenta a medida que las ocupaciones parecen llenar los horarios vacantes de sus agendas, incluso algunas de estas actividades pueden estar relacionadas con la iglesia a la que asisten.

Oswald Chambers (1874-1917) decía lo siguiente con respecto a nuestros tiempos con Dios: “Lo que nos moldea no es aquello a lo que le dedicamos más tiempo, sino lo que ejerce mayor poder. Cinco minutos con Dios y su Palabra valen más que todo el resto del día”. Quizás decir que tan sólo cinco minutos sea una exageración, pero aun un breve tiempo de oración puede tener resultados extraordinarios porque Dios es poderoso.

Nuestros días están repletos de obligaciones y de actividades que no dejan tiempo para escuchar a Dios y responderle. Pero, independientemente de dónde estemos, cualquier instante dedicado a construir nuestro “altar” espiritual al Señor, como hizo Abram (Génesis 12:8), da paso a su poder transformador.

Si se te hace difícil establecer un tiempo para estar con Dios, puedes empezar con tan sólo cinco minutos y ver qué sucede. El Señor anhela encontrarse con nosotros y mostrar su poder en nuestra vida.

  1. Aun un tiempo breve de intercesión y lectura de la Palabra es sumamente valioso, y tú ¿qué esperas para incorporar esa buena costumbre en tu vida?
  2. Pasar tiempos de calidad a solas con Dios te permite experimentar el poder transformador que tiene la presencia del Señor.

HG/MD

“Después se trasladó a la región montañosa al oriente de Betel y extendió allí su tienda, entre Betel al oeste y Hai al este. Allí edificó un altar al Señor e invocó el nombre del Señor” (Génesis 12:8).