Lectura: 2 Corintios 6:1-10
Hace algún tiempo un amigo me compartió el anuncio de una oferta de trabajo que había visto en redes sociales. El anuncio era para un trabajo de verano en un prestigioso club de playa, asociado normalmente con el descanso, las aguas cristalinas, la pesca deportiva, entre otras amenidades.
El club de playa tenía varios puestos de trabajo disponibles para el verano, y buscaban atraer mano de obra joven que se encontraba de vacaciones y quería tener un ingreso que probablemente le serviría para sus estudios. No obstante, lo más curioso de la oferta era que en lugar de prometer beneficios atractivos y un buen pago, el anuncio incluía muchas advertencias sobre el trabajo, tales como: la exposición al calor, la humedad, la lluvia, el barro, millones de mosquitos que picaban, plantas venenosas, alambres de púas y trabajo duro. Incluso, en la línea final decía que el salario era el mínimo.
Teniendo este ejemplo en cuenta, imagina que a un joven creyente que tiene una buena disposición para realizar un servicio significativo para Dios, fije su atención y sus ojos en el sexto capítulo de 2 Corintios, donde encontrará al apóstol Pablo describiendo el llamado más alto de todos, la oportunidad de trabajar para el Señor, ¡todo un privilegio! Pero igual que en el caso del anuncio, la descripción del trabajo es muy franca sobre algunas de las situaciones que conlleva.
Aunque las experiencias de Pablo como apóstol fueron únicas, sus palabras nos recuerdan a todos los lectores que el servicio al Señor no es nada glamoroso o de grandes prestaciones salariales. Se requiere de un gran cuidado y esfuerzo, y es necesaria la máxima dedicación.
Ciertamente, el desafío de servir a Cristo no tiene paralelo y por supuesto requerirá sacrificio. Sin embargo, no estamos haciéndolo solos y eso hace toda la diferencia. Ningún precio es demasiado alto para pagar por el privilegio de trabajar para el Señor.
Puntos para la reflexión:
- ¿Estás pensando en un trabajo de servicio para el Señor? Llevar a cabo los trabajos que nadie quiere hacer en tu congregación, es un buen inicio.
- En el servicio del Señor podemos sacrificar demasiado porque ya que Él lo sacrificó todo.
Versículo para memorizar:
“Y cualquiera que no toma su propia cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:27 – Reina Valera Actualizada 2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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