Lectura: Lucas 2:15-21

Una Navidad vi un dibujo animado que mostraba a un niño mirando fijamente la vitrina de una tienda y leyendo un cartel que decía: “¡QUE TENGAS LA MEJOR NAVIDAD DE TODAS!  Él se quedó pensando y dijo: “Es buen difícil superar a la primera Navidad”.

Conversando con unos amigos, la esposa me contó que hace años tuvieron una experiencia que les transportó a esa primera Navidad.  Ella a mediados de Diciembre había dado a luz a un pequeño niño prematuro que habían deseado mucho.  Mientras el pequeño luchaba por la vida, lo llevaron de emergencia a otro hospital.  Luego, a muchos kilómetros de distancia de ellos, inevitablemente murió solito.  La Navidad aquel año no fue feliz, sino triste.

Sin embargo en medio de su tristeza Dios les conmovió con un vistazo de Su Navidad original.  Vieron que Dios también supo lo que era tener los brazos vacíos, pero en una escala muchísimo mayor.  Su bebé había nacido para morir: una muerte que traería vida eterna para todos los que aceptaran Su regalo supremo.  Al igual que María, acariciamos y meditamos esas cosas en nuestros corazones.  Poco a poco, la infelicidad que había amenazado con restarle significado a la Natividad más bien la engrandeció.  Con el tiempo, aquella Navidad fue la más significativa de todas las que habían tenido.

Una vez más, la Natividad este año será inevitablemente triste para mucha gente, tal vez para ti  ¡Anímate!  La Navidad no tiene que ser feliz, para que sea significativa.

  1. Es al Cristo de la Navidad que celebramos, NO a la Navidad en sí.
  1. Para que la Navidad tenga significado, pon a Cristo en primer lugar.

NPD/JEY