Lectura: 1 Tesalonicenses 3:6-13

¿Qué hace a una iglesia exitosa? ¿Será una gran asistencia a sus servicios? ¿Un grupo de músicos profesionales? ¿Un local ultramoderno? ¿Los mejores programas y actividades para las personas que asisten?

Esos por supuesto no son los criterios que definen a una iglesia como exitosa, sin importar lo grande o pequeña que sea, las cifras nunca definirán la calidad de una iglesia.

Dentro de las iglesias que fundó el apóstol Pablo en sus viajes misioneros, nos encontramos con la iglesia que se ubicaba en Tesalónica, y en la carta que les dirige recuerda lo siguiente: “El Señor los multiplique y los haga abundar en amor unos para con otros y para con todos, tal como nosotros para con ustedes; a fin de confirmar el corazón de ustedes irreprensible en santidad delante de Dios nuestro Padre” (1 Tesalonicenses 3:12-13).

Al darle una mirada más de cerca a estas palabras del apóstol, nos encontramos con dos características que son vitales si queremos que una iglesia sea exitosa: el amor unos por otros y la santidad.

Las congregaciones, los locales de las iglesias y los presupuestos, son todos diferentes, la verdadera medida del éxito la demuestran los creyentes que las componen, que aman a Dios y a su prójimo y que quieren vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

  1. Sin importar el tamaño de nuestra iglesia, lo que interesa es el compromiso de sus integrantes con el Señor.
  2. Nuestro desafío como creyentes es ser parte del esfuerzo conjunto que permita llevar el evangelio hasta el último rincón del mundo.

HG/MD

“El Señor los multiplique y los haga abundar en amor unos para con otros y para con todos, tal como nosotros para con ustedes” (1 Tesalonicenses 3:12).