Lectura: Salmos 121:1-8
Durante una reunión de líderes de la iglesia, una de las parejas con más años y experiencia en el servicio compartió con los demás una valiosa lección que aprendieron durante sus primeros años de servicio.
Él comenzó diciendo lo siguiente: “Mi esposa y yo estábamos comprometidos con la idea de tener un ministerio para la gente, anhelábamos llevar las buenas nuevas a personas necesitadas y ser un ejemplo de esas buenas nuevas por medio de nuestro trato hacia y con ellos.
El problema era que también estábamos trabajando “durante el turno de la noche”, pues nos llevábamos con nosotros a la cama las cargas y los problemas de las personas. Muchas veces, las noches intranquilas que pasábamos nos afectaban durante el día y ya estábamos empezando a traer problemas a nuestra relación.
Una noche de tantas cuando no podíamos dormir debido a las preocupaciones, nos pusimos a hablar y a pensar sobre esa situación y en lo que debíamos hacer para resolverla. Entonces decidimos que de la misma manera como nos quitábamos la ropa que habíamos vestido durante el día, así también debíamos dejar de lado cada una de nuestras preocupaciones. Luego de un baño y de ponernos una bata cómoda, nos sentimos aliviados de las cargas de los demás y en ese momento sí estábamos listos para descansar.
Al principio nos sentíamos culpables e insensibles, pero entonces el Espíritu Santo nos recordó que Dios no holgazanea ni duerme. Si Dios hubiera querido que trabajáramos por la noche, nos lo habría hecho saber. Por el contrario, mientras dormimos podemos reponer nuestras fuerzas, ya que con certeza sabemos que Dios permanecerá despierto toda la noche y velará por cada una de nuestras preocupaciones”.
Si eres creyente, tú también tienes un “ministerio para la gente”. No obstante, recuerda, no tienes que trabajar también el turno de la noche. En lugar de ello una buena práctica que debes establecer en tu vida, es dejar de lado tus preocupaciones del día, de la misma forma como te quitas las piezas de tu vestimenta. Luego, envuélvete en la tranquilizadora bata del poder guardador de Dios y descansa.
Puntos para la reflexión:
- Si quieres descansar bien de noche, descansa en el Señor.
- Recuerda: ¡El Señor mismo te cuida y nunca duerme!
Versículos para memorizar:
“El Señor es tu protector; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día ni la luna de noche.” – Salmos 121:5-6 – RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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