Lectura: Apocalipsis 22:16-21

Mientras estaba de visita en una ciudad lejana a la que vivo, me llamó la atención un autoadhesivo de un automóvil el cual decía: “Bienvenido a… gracias por venir a hacer turismo y por gastar tu dinero en nuestros negocios, pero no te olvides regresar a tu casa!”.  No fue precisamente una bienvenida cálida, ni hospitalaria.

Al meditar en este incidente me pregunto si nuestra vida a veces envía señales similares a las personas que nos rodean. Ya sea que estemos en la iglesia, en el vecindario o en reuniones sociales, ¿actuamos a veces de manera que los demás no se sientan bienvenidos a nuestro mundo?

Cuando el apóstol Pablo le escribe a sus lectores en Roma, les dice lo siguiente: “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (Romanos 12:13).  Para Pablo la hospitalidad era una virtud muy importante.  Y el autor de Hebreos va un poco más allá: “No se olviden de la hospitalidad porque por esta algunos hospedaron ángeles sin saberlo” (13:2).

Al ser amables con quienes se cruzan en nuestro camino, nos hacemos eco de la invitación del Señor Jesucristo respecto a la salvación: “… el que oye diga: “¡Ven!”. El que tiene sed, venga. El que quiera, tome del agua de vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

  1. La próxima vez que tengas la posibilidad, demuéstrale a una persona hospitalidad y amor, puede ser el primer paso para indicarle el camino al cielo.
  2. Ser amable y dadivoso de forma genuina es una buena muestra de que vas por buen camino en tu andar de fe.

HG/MD

“Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” (Romanos 12:13).