Lectura: Eclesiastés 8:1-9
Francisco no podía creer lo que decía el correo que había recibido a primera hora de esa mañana. ¡Lo habían despedido! Su rendimiento e indicadores de desempeño en la compañía eran muy buenos, por lo que no se explicaba la razón por la cual, de un día para el otro, habían tomado la decisión de no contar más con sus servicios.
Minutos después de haber leído el correo, Francisco decidió llamar a un amigo creyente a quien le relató muy molesto lo que estaba sucediendo. El amigo se quedó en silencio pensando por un momento antes de darle la respuesta y se dijo así mismo: “¿Cómo quiere Dios que responda o aconseje a mi amigo ante una situación como esta?”. Así que su primera acción fue pedirle que oraran juntos, y luego le dijo: “Dios tiene el control de toda esta situación. Por cierto, conozco a una amiga creyente que es abogada y le podemos hacer la consulta sobre tu caso”. Luego de hablar con la abogada, se dieron cuenta de que la empresa estaba en su derecho de aplicar el despido, pues le iban a cancelar todas sus prestaciones legales, por lo tanto, ella le aconsejó que debía terminar el mes de contrato estipulado, dando su mejor esfuerzo para que sus jefes pudieran ver su valía como trabajador.
Entonces Francisco decidió seguir el consejo y en lugar de quejarse, dar el mínimo esfuerzo o simplemente dejar abandonado el empleo, se quedó en su puesto y continuó atendiendo clientes y realizando pedidos; por supuesto también hizo cálculos y ajustes en su consumo mensual. Días después, al ver el alto desempeño y la buena actitud de Francisco, sus jefes intercedieron por él ante los altos ejecutivos de la compañía. Al finalizar el mes, la compañía le ofreció a Francisco un nuevo contrato con beneficios que superaban con creces las mejores condiciones que había tenido durante toda su vida laboral.
Historias como esta no ocurren tan a menudo, pero podemos aprender de su ejemplo y de lo que nos enseña Proverbios 3:25 que dice: “No hay por qué temer la calamidad repentina». Cuando un problema hace que nuestra vida se ponga al revés, podemos optar por “permanecer en nuestra posición”, buscando la sabiduría de Dios por medio de la oración, las Escrituras y el consejo de creyentes maduros. No es necesario entrar en pánico. Podemos resistir la desesperación al seguir confiando en que Dios está obrando, y hacer lo que es correcto y bueno. El Señor se encargará del resto.
Puntos para la reflexión:
- Cuando atravieses el laberinto oscuro de la vida, recuerda decirle al Señor: ¡Dame Tu gracia y sabiduría, sé que tienes el control de todo!
- Una crisis no puede quebrar a quien reposa en Dios.
Versículo para memorizar:
“No hay por qué temer la calamidad repentina, ni la destrucción que viene sobre los perversos”. Proverbios 3:25 – Nueva Traducción Viviente.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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