Lectura: Hechos 20:27-32

Un amigo fue invitado a dar unas conferencias bíblicas en Jakarta, Indonesia. Cuando llegó a una de las iglesias donde iba a compartir el mensaje de la Palabra de Dios, se le acercó uno de los ancianos de la iglesia y le pidió que le diera su Biblia y las notas de su enseñanza.  Le explicó que ellos eran responsables de la confiabilidad bíblica de la enseñanza que recibiría la congregación y que le devolverían su Biblia y sus notas, delante de la congregación.

Aunque algunas personas tomarían eso como una ofensa, en realidad era su manera de mostrarle a la congregación que, como líderes de la iglesia, se preocupaban por la enseñanza que recibirían y más porque se trataba de un invitado.

Esa experiencia de este maestro de las Escrituras, me hizo recordar el privilegio que tenemos de presentar las verdades de la Palabra de Dios a otras personas, lo cual no es algo que se deba tomar a la ligera; también es aleccionador el grado de compromiso que tenían aquellos ancianos indonesios de cuidar el rebaño que les había encomendado el Señor.

En nuestra lectura devocional, se nos cuenta sobre el encuentro que el apóstol Pablo tuvo con unos ancianos de la iglesia de Éfeso.  En sus palabras hacia ellos, el apóstol les advirtió sobre el peligro de los falsos maestros (Hechos 20:28-29) y la responsabilidad que tenía el liderazgo de la iglesia de ayudar a la congregación a crecer en el conocimiento de Dios (Hechos 20:32).

  1. Sin importar el lugar de servicio que ocupemos en nuestra iglesia, manejemos con cuidado y celo las enseñanzas de la Palabra de Dios, al hacer esto creceremos como iglesia y como individuos.
  2. El Espíritu Santo usa la Palabra de Dios para hacer que seamos cada vez más parecidos a Jesús.

HG/MD

“Y ahora, hermanos, les encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, a aquel que tiene poder para edificar y para dar herencia entre todos los santificados” (Hechos 20:32).