Lectura: Romanos 5:1-11

Luis tenía muy claro que su trabajo como policía era un servicio a la comunidad, y estaba totalmente dedicado a servir a cualquier precio. Una prueba de ese deseo se veía en la puerta de su casillero en la estación de policía, en donde había pegado un papel impreso con la cita de Juan 15:13.

En ese versículo nuestro Señor declaró: “Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos”.  Esas palabras no eran simples ideales nobles, sino que expresaban el compromiso de Luis con sus deberes como policía; compromiso que demandó el precio supremo cuando fue asesinado mientras cumplía con su trabajo. Fue una muestra verídica del significado de un sacrificio verdadero.

De la misma forma estas palabras fueron en extremo importantes en los evangelios, y sus consecuencias inimaginables, ya que a las pocas horas de expresarlas, Jesús las puso en práctica. El acontecimiento del aposento alto, donde Jesús habló de ese sacrificio fue seguido de la comunión con su Padre en Getsemaní, junto con una serie de juicios ilegales y, posteriormente, la crucifixión delante de una multitud que lo ridiculizaba.

Debido a que él es el Hijo de Dios, Jesús podría haber evitado el sufrimiento, la tortura y la crueldad. No tenía pecado ni merecía morir, pero el amor, el combustible que impulsa el verdadero sacrificio, lo llevó a la cruz. Como resultado, nosotros podemos ser perdonados si aceptamos por la fe su sacrificio y su resurrección.

  1. ¿Y tú has confiado en Aquel que entregó su vida por ti?
  2. Piensa nuevamente en las palabras de Juan 15:13, ¿estás dando tu vida por tus amigos, al llevarlos sin importar el precio, a las verdades del Evangelio?

HG/MD

“Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).