Lectura: Salmos 145:1-21

Luego de algunos meses de casados, la joven pareja de creyentes recibió la visita de los padres de él; para ese entonces la casa aún estaba en proceso de amueblado y decoración.  

No obstante, tras haberles mostrado su casa, el padre les dijo con tono un poco sarcástico: «Hasta aquí están empezando muy bien, pero si alguien los visita y no los conoce tanto, ¡no sabría si ustedes han depositado su fe en Dios o aún siguen perdidos!»

Por supuesto, los recién casados se sorprendieron por el comentario algo irónico, pero tenía mucho de verdad.  A partir de ese día, intencionalmente se aseguraron de que todas las habitaciones de su casa tuvieran, aunque fuera una pequeña evidencia de su fe en Jesús.

Es algo común que muchos creyentes no se esfuercen por incluir en sus casas recordatorios de la gracia y la bondad de Dios, en la cual han creído.  Pero, si tan sólo utilizaran el recurso de un versículo bíblico inscrito en una placa o una obra de arte de buen gusto con un tema cristiano, puede ser todo lo que se necesite para animar a los miembros de la familia para conocer, servir y alabar al Señor.

Asimismo, la presencia de libros y otros motivos cristianos también pueden fomentar la meditación en la Palabra de Dios. Tales testimonios silenciosos logran abrir oportunidades para hablarles a los visitantes de la casa acerca de la bondad del Señor.

  1. ¿Y qué de tu casa? ¿Un visitante tendría alguna pista en cuanto a tu lealtad espiritual? La Biblia y otros libros pueden decirle indirectamente lo que lees, y aún más, proclamar tu credo.  ¿Tu casa habla?
  2. ¡Lo que muestra el espejo de tu casa, muestra también tu corazón!

HG/MD

“Pero si les parece mal servir al Señor, escojan hoy a quién sirvan: si a los dioses a los cuales servían sus padres cuando estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:15).