Lectura: Mateo 21:1-11

A pesar de su educación y de ser considerado como el padre del psicoanálisis, el médico neurólogo de origen austríaco Sigmund Freud (1856-1939), no pudo predecir cómo se iba a desarrollar la historia. 

Cuando los revolucionarios comunistas estaban sentando las bases de la tiranía soviética sobre los cadáveres de sus propios compatriotas, Freud escribió lo siguiente: “En un momento en que las grandes naciones están declarando que ellas esperan encontrar su salvación únicamente mediante una firme adhesión a la piedad cristiana, la agitación en Rusia… pareciera prometer un futuro mejor”.  ¡Cuán equivocado llegó a estar este individuo!”.

El fracaso de Freud al predecir el futuro, nos muestra el marcado contraste con los cientos de profecías cumplidas de la Biblia.  La gente puede hacer conjeturas, pero sólo Dios sabe el futuro.

Las más increíbles profecías de la Biblia son aquellas referidas al Mesías.   El Antiguo Testamento predijo muchos detalles de la vida y muerte de Jesús, como su nacimiento virginal (Isaías 7,10-14), su muerte sacrificial (Isaías 53), y hasta su entrada triunfal en Jerusalén un día como hoy, Domingo de Ramos (Zacarías 9:9; Mateo 21:05).

Cuan maravilloso es que Dios, quién lo sabe todo, profetizara incluso que el Rey entraría a Jerusalén en los lomos de un pollino (asno) hace más de 2.000 años, y lo más importante, que también profetizara que un día volverá por nosotros (1 Tesalonicenses 4:13-18). Hasta entonces, el mismo Dios cumplidor de promesas cuidará de quienes le han pedido que Cristo reine en sus corazones.

  1. Dios cumplió sus promesas con respecto al nacimiento de Jesús el Salvador en esa noche maravillosa cuando Jesús vino a la tierra; adicional a esto, los mensajes proféticos escritos en la Biblia nos afirman que un día muy cercano vendrá otra vez para reinar como Rey de reyes.
  2. El regreso de Cristo por los suyos es tan cierto como la primera vez que vino a la tierra.  Si aún no eres parte de su familia, hoy es un buen día para hacerlo (Juan 3:16).

HG/MD

“Más bien, ¿qué dice?: Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y si crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo” (Romanos 10:8-9).