Lectura: 1 Pedro 2:1-10
Una de las cosas que preocupa a los jóvenes y a algunos adultos es su altura física, la cual está determinada por muchos de los factores genéticos que heredamos y que establecen un límite a la estatura. Por este motivo, cualquiera que sea nuestra dieta y programa de ejercicios, el crecimiento físico se detiene en un punto determinado. Por mucho que tratemos, cuando se alcanza ese límite no podemos crecer más, al menos verticalmente hablando, aunque muchos de nosotros tendemos a seguir expandiéndonos, pero horizontalmente.
Por el contrario, nuestro potencial para avanzar espiritualmente no tiene límites. Nuestro crecimiento solamente depende de nuestro deseo y de cuánto recurramos a las provisiones de nuestro Padre Celestial. No nos detiene ni siquiera la genética que heredamos de nuestros padres terrenales. Por lo tanto, el límite es el cielo.
No obstante, debemos tener claro que la madurez cristiana no sucede por casualidad o porque tengamos muchos años caminando en el camino de la fe en Jesús. Nuestra “dieta” tiene que ser la adecuada y además debemos “ejercitar” nuestra fe regularmente. Así que a menos que nos deleitemos en la Palabra de Dios, no habrá progreso real. Si no hacemos la voluntad de Dios, nunca alcanzaremos todo nuestro potencial de servicio a Él y a nuestro prójimo.
¿Qué tan alto y fuerte eres ante los ojos de Dios? ¿Cuánto has crecido en lo que llevamos de este año? Cualquiera que sea tu respuesta, puedes crecer aún más si entiendes que todo inicia por la búsqueda intencional de la sabiduría que sólo Dios puede darte y de tu servicio desinteresado.
Puntos para la reflexión:
- Acercarse a Dios tiene como resultado la semejanza a Cristo.
- Repetimos las preguntas: ¿Qué tan alto y fuerte eres ante los ojos de Dios? ¿Cuánto has crecido este año? Cualesquiera que sean tus respuestas, puedes crecer aún más. Ánimo, busca de Dios diaria y conscientemente y entonces verás los resultados.
Versículo para memorizar:
“Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén”. 1 Juan 2:28 – RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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