Lectura: Efesios 1:15-23

En una de sus predicaciones navideñas, el predicador estadounidense Dwight L. Moody (1837-1899), usó como ilustración una historia que había leído días atrás en un periódico de la época.

El artículo hablaba de tres niñitas que estaban de pie delante de la vitrina de una tienda llena de juguetes. Una de ellas era ciega. El periodista escuchó a las otras dos describirle los juguetes a su amiga. El hombre nunca había considerado lo difícil que era explicarle a alguien carente de vista, el aspecto que tienen los objetos a su alrededor.

Al usar esta ilustración Moody dijo lo siguiente: “Así como la niña ciega no podía visualizar los juguetes, de la misma forma una persona incrédula que no es salva, no puede ver a Cristo en toda su gloria.”

En esa primera Navidad, sólo unas cuantas personas comprendieron quién era Jesús en realidad. Muchos escucharon el informe de los pastores y quedaron asombrados, pero no consideraron al bebé en el pesebre como el Hijo de Dios.

Hoy, multitudes no están al tanto de la verdadera identidad de Jesús porque están espiritualmente ciegas. Si esto te describe a ti, pídele a Dios que abra tus ojos. Cree que el Señor de la gloria murió por tus pecados y luego confía en Él. Tus ojos serán abiertos y reconocerás quién es Él en realidad.

  1. Si todavía tienes tus ojos cerrados, deja que el Señor Jesús los abra para que puedas ver la luz verdadera de una vida nueva que te ofrece.
  2. Jesús es la luz de vida, permite que su luz brille en tu vida.

HG/MD

“Habiendo sido iluminados los ojos de su entendimiento para que conozcan cuál es la esperanza a la que los ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Efesios 1:18).