Lectura: Hebreos 12:1-13

Se dice que en ocasiones a algunos les falta fuerza y habilidad, pero lo compensan con pura determinación. Y quizás este tipo de personas que en realidad no tienen oportunidad de ganar en absoluto, son quienes más inspiran a sus compañeros de equipo, a sus amigos, y a las personas que ni siquiera los conocen.

Esta es la historia de un joven estudiante quien sufre de fuertes limitaciones de movimiento, más, sin embargo, es miembro del equipo de carreras a campo traviesa de su escuela secundaria, y corre en todas las carreras. Generalmente, al ganador le toma 15 minutos hacer el recorrido de cinco kilómetros; a Ben le toma 1 hora.

Una vez le preguntaron ¿por qué lo haces? Él lo explicó de la siguiente manera: “Me gusta mostrarle a la gente que no podemos dejar de intentarlo, debemos levantarnos y seguir adelante”.

Talvez a algunos creyentes les parezca que su carrera de la vida cristiana es a paso suave y ligero, sin esfuerzo aparente.  Pero, la mayoría tenemos un caminar no tan atlético y cojeamos a lo largo del camino cuando se trata de obedecer a Jesús.  En ocasiones nos apartamos del camino, tropezamos con obstáculos de poca importancia, usamos una técnica espantosa. Lo más fácil sería simplemente rendirnos, sentarnos al lado del camino, dejar que los demás pasen corriendo y echarnos allí a sollozar cuando caemos.

Pero, la historia de este joven nos debe animar ya que aun cuando no tengamos la energía, los talentos, los dones o el entrenamiento que tienen algunos creyentes, nuestro papel es el de aceptarnos a nosotros mismos, olvidarnos de las cuestiones de estilo y seguir adelante, con los ojos puestos fijamente en Jesús (Hebreos 12:2).

  1. Sigue adelante, un glorioso grito de bienvenida te espera cuando llegues a la meta.
  2. Levántate y sigue adelante, a tu lado camina nuestro Señor.

HG/MD

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros” (Hebreos 12:1).