Lectura: Eclesiastés 7:1-14

Todos hemos experimentado la risa y el llanto.   Aunque naturalmente disfrutamos más de la risa que de las lágrimas tendríamos que decir que la mayor parte de la sabiduría que hemos adquirido en el camino se la debemos a los momentos tristes.  No obstante, muchos creyentes están obsesionados con la búsqueda de la felicidad personal.  El autor de Eclesiastés calificó esa búsqueda de insensatez (Ecl.7:3-4).

Hace varios años, en una entrevista durante su lucha contra el cáncer, el teólogo Francis Schaefer dijo: “La única forma de ser insensatamente feliz en este mundo es ser lo suficientemente joven, estar lo suficientemente bien y tener el dinero suficiente y no preocuparse en absoluto por otras personas.  Pero tan pronto se pierde alguno de los primeros tres, o si se siente compasión por el mundo lloroso que lo rodea, entonces es imposible tener la clase de felicidad insensata que creo que algunos creyentes presentan como ‘cristianismo’”.

¿Cuál es nuestra mayor necesidad en la vida?  ¿Es ser feliz?  Puede que anhelemos un cambio de circunstancias, y a veces eso es lo que conseguimos.  Pero nuestra más profunda necesidad es una vida transformada.  El cambio de circunstancias puede hacernos más felices, pero una vida transformada nos hará mejores, puesto que nos hará más semejantes a Cristo.

  1. ¿Cuál es tu principal búsqueda en la vida?
  1. La meta de la vida no es la felicidad, sino la piedad en una vida que agrade a Dios.

 

NPD/JEY