Lectura: 2 Corintios 4:7-18

Un amigo practica el Esquí Acuático, y me ha dicho lo mucho que lo disfruta, ama la sensación del agua debajo de sus pies que parece resistirse con todas sus fuerzas.  Mientras el motor ruge y acelera poco a poco, los músculos se ponen tensos, el agua salpica fuertemente, pero luego de un rápido movimiento ascendente, el esquiador logra levantarse y vence la fuerza que intentaba derribarlo y empieza a disfrutar deslizándose sobre esa misma agua que luchaba contra él.

Este deporte nos provee una interesante analogía sobre nuestra experiencia como creyentes, al pasar por las aguas de la prueba, debemos aprender a aprovechar el poder de Dios.  Al principio sentiremos que todo está en nuestra contra y creeremos que todo esfuerzo por levantarnos resulta insuficiente, pero a medida que empezamos a confiar más y más en el poder de Dios, nos aferramos con toda nuestra fuerza a la cuerda de Su Palabra que nos liga a Él.

Al igual que el agua lucha contra el esquiador, y al final esta misma resistencia logra que se ponga en pie, las dificultades nos desafían a recurrir al poder de Dios.  El apóstol Pablo lo describió de la siguiente manera: “Con todo, tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros” (2 Corintios 4:7).

  1. ¿Hemos visto en las aguas profundas de las dificultades una oportunidad para confiar más y más en Dios?  Esta es la forma en la cual Dios te enseña que aun en medio de los problemas, si confías en Él, finalmente podrás deslizarte sobre las aguas de la vida, a las que en algún momento viste como enemigas.
  2. Confiar en Dios puede convertir una prueba en triunfo.

HG/MD

“Estamos atribulados en todo pero no angustiados; perplejos pero no desesperados” (2 Corintios 4:8).