Lecturas: 1 Corintios 15:35-49 / 1 Tesalonicenses 4:13-18.
En una pequeña casa al pie de las montañas, un anciano solía sentarse cada tarde junto a la ventana para contemplar el valle. Durante años había disfrutado los colores del atardecer, los árboles moviéndose con el viento y el camino que serpenteaba entre las colinas. Pero con el tiempo los vidrios comenzaron a empañarse y a cubrirse de polvo por fuera. Aunque él se acercaba, se esforzaba y pasaba su mano en el interior de la ventana, la imagen seguía borrosa. Sabía que el paisaje estaba allí, pero ya no podía verlo con claridad.
Una mañana, mientras miraba en silencio aquella ventana opaca, escuchó pasos en el jardín. Alguien había llegado desde afuera con agua limpia y un paño en la mano. Poco a poco, comenzó a limpiar el vidrio, allí donde el anciano no podía alcanzar. Entonces la luz empezó a entrar de nuevo, las formas volvieron a definirse y el valle apareció más hermoso de lo que recordaba. Aquel día comprendió que, aunque hoy veamos la vida a través de ventanas empañadas, un día recibiremos la ayuda que no podemos darnos a nosotros mismos, y entonces veremos con claridad el paisaje que siempre estuvo allá afuera, gracias a nuestro Señor.
Por el momento es el Espíritu Santo quien nos permite mantener viva esa misma esperanza, y es una esperanza segura ya que se basa en dos hechos, uno pasado y uno futuro, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos que cita 1 Corintios 15:20, y el hecho de que Él regresará a la tierra algún día como estudiamos en 1 Tesalonicenses 4:13-18, donde el apóstol Pablo une ambas verdades en el versículo 14.
Entonces, cuando las cosas se ponen difíciles, debemos resistir la tentación de renunciar a la vida, o de encontrar placer en el morboso hábito de la queja. En cambio, debemos mantenernos obedientes al Señor, renunciar al pecado y mantener nuestros ojos en el futuro tal y como aconseja 1 Corintios 15:33-34; de esta forma podremos vivir con gozo en nuestros corazones teniendo la certeza de que, en el mundo venidero, nuestras dolorosas pruebas no existirán más.
Puntos para la reflexión:
- Como creyentes esperamos con fe el regreso de nuestro Señor Jesús y por ello aun en las pruebas podemos regocijarnos.
- A pesar de que en ocasiones no podamos ver claramente lo que nos depara el día de mañana, podemos estar seguros de que el Señor tiene todo bajo su control y eso nos da una perspectiva clara del cielo que nos espera en el futuro cercano.
Versículo para memorizar:
“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios traerá por medio de Jesús, y con él, a los que han dormido”. 1 Tesalonicenses 4:14 – RVA2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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