Lectura: Colosenses 2:1-10; 3:1-3

El predicador británico F.B. Meyer escribió una vez acerca de dos alemanes que querían escalar el monte Matterhorn.  Emplearon tres guías y comenzaron a realizar el traicionero y muy empinado ascenso.  Se ataron entre sí en este orden: guía, viajero, guía, viajero y guía.

Habían recorrido sólo un corto trecho cuando el último hombre perdió pie.  Lo sostuvieron los otros cuatro, porque cada uno tenía un asimiento en los nichos que habían cortado en el hielo.  Pero el siguiente hombre resbaló y arrastró a los dos que estaban por encima de él.  El único al que se podían agarrar era el primer guía, el cuál había perforado el hielo profundamente.  Debido a que él siguió firme, los demás hombres que estaban debajo pudieron volver a poner los pies en el hielo.

Meyer concluyó su historia haciendo una aplicación espiritual.  Dijo: “Yo soy como uno de esos hombres que resbalaron, pero gracias a Dios que estoy atado en una sociedad viva con Cristo.  Y puesto que Él permanece firme nunca pereceré.”

Todos nosotros resbalamos de vez en cuando en nuestro andar cristiano.  Pero el Señor nos mantiene firmes y podemos ser restaurados a una estrecha relación con Él cuando reconocemos nuestros pecados ante Él (1 Juan 1:9).

Estamos a salvo con Cristo (Col.3:3) y podemos tener la confianza de que Él nos guardará y nos llevará a nuestro destino final.

  1. Nuestra salvación es segura, porque Dios es quien nos sostiene.

 

  1. No lo dudes más, Jesús es el único que nos brinda seguridad eterna. Confía y pon tu fe en Él.

NPD/RWD