Lectura: Gálatas 2:20-3:11

La historia de Christa McAuliffe (1948 – 1986) es muy inspiradora, ella fue una de las 7 personas que perdieron la vida cuando el transbordador Challenger explotó durante la fría mañana del 28 de enero de 1986, tan solo 73 segundos después de su lanzamiento.

A esta educadora la habían seleccionado entre muchos solicitantes, para que fuera la primera maestra en salir al espacio exterior; esta iniciativa de la NASA llenó de entusiasmo el venido a menos programa espacial de los Estados Unidos.  En uno de los tantos servicios que se hicieron en recordatorio por las víctimas de esta tragedia, un maestro dijo lo siguiente acerca de McAuliffe: “Cuando Christa subió al transbordador, nosotros subimos con ella.  Y cuando murió, parte de nosotros también murió”.

Estos comentarios nos recuerdan una identificación aún más profunda, la que existe entre el creyente y Dios.  Debido a nuestra relación con Dios somos capaces de decir lo siguiente: “Cuando lo levantaron sobre esa horrenda cruz nosotros también estábamos ahí.  Y cuando Él murió, nosotros también morimos”.   El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera: “Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí”.  Y aún más importante resucitamos con Él (Gálatas 3:1). Debido a esto somos aceptos y perdonados por Dios si aceptamos ese regalo de amor (Efesios 1:6-7).

  1. Lo que queda por ver es si nuestras vidas muestran por medio de nuestros actos, que realmente estamos unidos con Cristo en su muerte y resurrección.
  2. Todo cuanto decimos y hacemos, debe ser un reflejo del carácter y prioridades de Cristo, debido a nuestra profunda identificación con Jesús.

HG/MD

“En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).