Lectura: Salmos 46:1-11

Detente por un momento y lee nuevamente las palabras del salmista: “Estén quietos y reconozcan que yo soy Dios. Exaltado he de ser entre las naciones; exaltado seré en la tierra” (Salmo 46:10).  Estas palabras que posiblemente se oyeron muchas veces en el templo de Jerusalén, deben hacernos volver a pensar sobre una de nuestras principales tareas como creyentes: “Adorar a nuestro extraordinario Dios”.

¿Cómo hacer esto?  Una forma muy sencilla es meditar en sus atributos: Exáltale porque Él es fiel, eterno, justo, bondadoso, santo, paciente, imparcial, infinito, entre otros muchos atributos, en resumen, has puesto tu fe en un Dios perfecto.

También puedes exaltarle al entender que Él es todopoderoso, personal, sabio, trino, accesible, glorioso y compasivo.

Y, por si fuera poco, adora a Dios por medio de los nombres que nos hablan de su carácter: Creador, Redentor, Pastor, Señor, Salvador, Padre, Consolador, Maestro, Yo Soy. ¡Cuán grande es nuestro Dios!

También puedes exaltarlo al reconocer que Él es tu fortaleza, escudo, refugio, luz, sustentador, y castillo fuerte.

  1. Hoy no le pidas nada a Dios, tan sólo da gracias por quien es el Dios en el cual has puesto tu fe.
  2. Adora, medita, contempla, honra, ama, agradece y exalta a Dios, esta vida es tan sólo una preparación de tu asombroso destino eterno a su lado.

HG/MD

“Estén quietos y reconozcan que yo soy Dios. Exaltado he de ser entre las naciones; exaltado seré en la tierra” (Salmo 46:10).