Lectura: Mateo 23:1-12
Había sido una primavera muy calurosa y el alcalde de la ciudad era consciente de ello, así que se acordó de la piscina comunal que había estado cerrada y abandonada durante 1 año, por lo que le pareció muy bien ponerla de nuevo en operación, máxime que ese era año de elecciones.
Por esta razón les dio instrucciones a los trabajadores de la ciudad para que hicieran reparaciones menores para habilitarla, así que sin mucho cuidado, pues no querían trabajar demasiado debajo de aquel sol ardiente, la pintaron, la llenaron de agua, y la abrieron justamente iniciando el verano, para el deleite de niños, jóvenes y adultos mayores, ¡todos estaban entusiasmados!
Sin embargo, no había pasado ni una semana cuando los padres empezaron a dar quejas ya que la piscina tenía problemas con los filtros de limpieza, y habían empezado a crecer algas. Y eso no era todo, algunos estaban sufriendo heridas pues la piscina tenía partes filosas que no habían arreglado debidamente, además la pintura se había empezado a desprender porque no había sido ni reparada ni limpiada apropiadamente antes de ser pintada. Los obreros simplemente habían hecho pequeñas reparaciones y habían rociado la piscina con pintura ya vencida.
El daño causado por estos trabajadores de la ciudad es como el daño causado por los fariseos del tiempo de Jesús. Hacían del encubrimiento un arte. Se vistieron para el éxito. Ellos sabían cómo dejar buenas impresiones. No obstante, mientras más noticias y enseñanzas oían de Jesús, cuánto más se daban cuenta del corazón que tenía el Maestro, y como consecuencia de esto los llegaron a odiar más y más a Él y a sus seguidores.
Muchas veces podemos llegar a actuar y ser como los fariseos, cuando sólo velamos por nuestros propios intereses y únicamente nos preocupamos de cómo nos perciben los demás. Podemos llegar a estar tan llenos de nosotros mismos, tan llenos de promesas vacías, tan llenos de motivos egoístas, que llegamos a ser tan nítidos como un cristal roto.
La semejanza con Cristo que Dios quiere formar en nosotros es muy diferente. En Mateo 23:12 Jesús dijo las siguientes palabras: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Nuestros propios esfuerzos para hacernos “reparaciones” a nosotros mismos, no se ven bien, son tan sólo un espejismo que oculta lo malo, son tan sólo “trabajos mal hechos”.
Puntos para la reflexión:
- La meta para los creyentes es ser y comportarnos cada día menos como nosotros mismos y más como Jesús.
- Un corazón con pecado es como una cerca torcida. Ni toda la pintura del mundo es capaz de enderezarla.
Versículo para memorizar:
“Y todo lo que hagan, háganlo de buen ánimo como para el Señor y no para los hombres». (Colosenses 3:23) – RVA2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.




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