Lectura: 1 Tesalonicenses 4:1-18
El hombre de negocios había contratado los servicios de una compañía especializada en el cuidado de jardines para que cortara el césped de su casa y le pusieran algunos ingredientes especiales de forma que creciera verde y lindo cuando el frío del invierno acabara su blanca presencia.
La empresa había aceptado realizar el trabajo a pesar de que en ese momento estaban efectuando labores para un proyecto grande, así que se comprometieron a realizar el trabajo durante algunos tiempos libres que tendrían disponibles, y además le habían cobrado un precio justo que le había parecido muy bien.
El hombre no sabía con certeza cuándo llegarían a realizar el trabajo, pero era un hecho que los empleados de la empresa podían llegar en cualquier momento pues el tiempo para la aplicación se acortaba cada vez más ya que el invierno llegaría en cualquier momento; pero había un problema, el hombre no estaba preparado ya que según las especificaciones de la empresa era su responsabilidad preparar algunas cosas, entre ellas, recolectar los residuos generados por la caída de las hojas y ramas que habían perdido los árboles en el otoño, no obstante, todavía estaban en el suelo.
Esta situación le producía una gran ansiedad, pues él también estaba muy ocupado atendiendo algunas tareas de su negocio familiar. Día tras día temía que fuera el día cuando llegaran y a menos que hiciera el trabajo preliminar, su césped sufriría las consecuencias. Finalmente pensó en ello y se dijo así mismo: ¡el trabajo no se hará solo, por lo tanto, tengo que encontrar el momento para hacerlo! Y así fue, tomó unas horas de su apretada agenda para hacer lo que debía, rastrear las hojas y las ramas en su jardín. Se sintió muy bien cuando ató la última bolsa de basura de jardín. ¡El trabajo ya estaba listo! Y menos mal, porque al día siguiente llegaron los empleados de la empresa.
Al pensar en esta historia me pregunto: ¿Alguna vez sentimos esa tensión en nuestra vida cuando pensamos en el regreso del Señor Jesús que podría suceder en cualquier momento? ¿Pensamos en todas las cosas que tenemos que hacer? ¿En esos vecinos que tienen que oír de Cristo? ¿En esas palabras de perdón que le debemos a alguien? ¿En esa relación con Dios que debería ocupar el primer lugar pero que se encuentra relegada al segundo plano?
Puntos para la reflexión:
- Cristo regresará, aunque no sabemos cuándo. ¿Qué deberíamos estar haciendo hoy para no avergonzarnos en su presencia mañana?
- Si Jesús regresara hoy, ¿estarías satisfecho de tu relación con Él?
Versículo para memorizar:
“Ahora, hijitos, permanezcan en él para que, cuando aparezca, tengamos confianza y no nos avergoncemos delante de él en su venida”. 1 Juan 2:28- RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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