Lectura: 2 Corintios 3:1-6

Algunas personas creen que nuestra escritura a mano revela nuestro carácter. Expertos en el campo de la grafología miran cosas como la inclinación de las letras, la manera en que se forman, donde se cruza la «t», y como está realizado el punto de la «i». Con base en estas distinciones, se extraen conclusiones sobre la personalidad de individuo.  Se nos dice que el estilo de nuestra escritura muestra si somos extrovertidos o retraídos, individualistas o si nos gusta trabajar en equipo, conformistas o aventureros.

Mientras que algunos pueden cuestionar la fiabilidad de esta práctica, esto me recuerda lo que dijo el apóstol Pablo en 2 Corintios 3:2. Nos dijo que los creyentes son epístolas (cartas, correos electrónicos para modernizarlo) “conocidas y leídas por todos los hombres.»  La forma en que escribimos lo contenido en ellas, mostrará nuestra personalidad y mostrará a otros la clase de personas que somos en realidad.

Si estamos tratando de agradar al Señor Jesús, las actas de nuestra vida revelarán el amor por los demás y la capacidad de respuesta a sus necesidades.  También vamos a expresar nuestra personalidad diferente a la del mundo y nuestro deseo de actuar sólo por causa de la justicia, si el deber lo exige. Cada día vamos a tratar de ajustar nuestras conductas a la voluntad de nuestro Padre celestial.

  1. Permite que el Salvador viva a través de ti, apóyate en Su poder. Luego deja que la escritura de tu vida le diga a los demás a quien le perteneces.?
  2. Estás escribiendo un libro, un capítulo cada día, lleno de las obras que se haces, y por las palabras que dices; la gente lee lo que escribes, tanto lo correcto y lo incorrecto. Dime ¿Qué clase de libro eres?  ¿Uno de bendición, que da la gloria a Dios y del cual no estas avergonzado o uno de maldad, que no quisieras que otros leyeran en público?  La vida del creyente es un libro abierto al mundo.

HG/MD

“Es evidente que ustedes son carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones humanos” (2 Corintios 3:3).