Lectura: Marcos 1:21-39
Este como muchos otros en la vida de nuestro Señor, había sido un día muy agitado. Se encontraba visitando la ciudad costera de Capernaúm, pero no de vacaciones.
Primero fue a la sinagoga a enseñar. Allí echó fuera a un espíritu inmundo de un hombre. Desde allí caminó hasta la casa de Pedro, donde sanó a la suegra de su discípulo. Más tarde, ese mismo día se reunió una enorme multitud de gente a la puerta de aquella casa y Jesús pasó una buena parte de aquella noche curando enfermos y echando fuera demonios. Imagínate el agotamiento que debe haber sentido luego de atender a la última persona.
Entonces, lo lógico hubiera sido que luego de aquella maratónica sesión, Jesús se tomara el siguiente día libre o al menos tuviera la oportunidad de dormir hasta tarde. Pero mira lo que dice Marcos 1:35: “Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba”.
Nuestro Señor Jesús entendía perfectamente que su ministerio lo llevaría a muchas ciudades y a miles de personas que necesitarían su mensaje de salvación. Entonces, para prepararse, su más alta prioridad era orar, estando en contacto con su Padre en todo momento. Después de un día tan duro y lleno de tareas agotadoras por delante, se alejaba de todos para orar.
Puntos para la reflexión:
- ¿Estuviste increíblemente ocupado ayer? ¿Te espera otro día igual hoy? Saca tiempo para estar a solas con Dios en oración. Él te dará nuevas fuerzas.
- Para resistir los desafíos pasa tiempo de rodillas.
Versículo para memorizar:
“Pero él se apartaba a los lugares desiertos y oraba”. – Lucas 5:16 – RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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