Lectura: 1 Samuel 6:1-7:6

Es muy natural que al pensar en la Navidad lo primero que se nos venga a la cabeza sea un bebé dormido en un pesebre en la ciudad de Belén.  Nos imaginamos a los pastores, a José y María contemplando absortos al recién nacido. Este es el tipo de retratos que comúnmente nos llenan la cabeza al imaginar la venida de Jesús a este mundo.

No obstante, no podemos dejar que el bebé acostado en un pesebre sea la única parte de nuestro conocimiento de Cristo.  No podemos quedarnos con la dulzura del niño dormido. ¡Tenemos que ir más allá y tener una relación viva y vital con el crucificado, el resucitado, el Cristo glorificado!

En nuestra lectura devocional en 1 Samuel 7 se nos cuenta que el Arca de la Alianza, el símbolo de la presencia y el poder de Dios, había decaído y estaba casi olvidada en una aldea remota (v.2). La nación de Israel no había adorado ni honrado a Dios Todopoderoso en mucho tiempo.  Él fue dejado de lado, fue olvidado.

Al leer esto pensamos, ¿cómo pudieron hacer una cosa así?  Pero, si meditamos en esto, muchos de nosotros mostramos la misma falta de memoria. ¿Pensamos en Jesús solo en Navidad? ¿Nuestros pensamientos sobre el Rey de Gloria y Soberano de toda la creación, sólo se asocian a un niño envuelto en pañales?    ¡Si esto es así, entonces estamos perdiendo el verdadero mensaje de la Navidad!

No podemos seguir pensando en Jesús como el niño del pesebre.  Él anhela una relación viva y dinámica con nosotros.  Así como Israel trajo el Arca del olvido y oscuridad, a la luz y a su vida cotidiana, necesitamos llevar a Cristo fuera de la cuna e introducirlo a nuestras vidas.

  1. Cuando miramos más allá del pesebre y recodamos la cruz del Calvario, conocemos el verdadero motivo de la Navidad, el cual nos debe traer alegría y tranquilidad.  No se trata de los regalos, ni de las comidas especiales o de un anciano panzón con traje rojo, se trata de que Jesús nació, creció, murió, resucitó y ahora está preparando un lugar para ti y para mí (1 Corintios 15:51-55).
  2. Si Cristo se mantiene en el exterior, algo debe estar mal en el interior.

HG/MD

“A estos, Dios ha querido dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre las naciones, el cual es: Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).