Lectura: Isaías 1:1-9

Los animales a veces parecen tener mayor sensibilidad que las personas, debido a su estado de alerta a los fenómenos naturales, y esto en muchas ocasiones les ha ayudado a evitar los desastres.

En el noreste de China, los expertos fueron capaces de advertir y evacuar a las personas de las zonas de alto riesgo, horas antes de que un terremoto asesino los golpeara. Ellos fueron alertados de la catástrofe debido a que el ganado mugía más de lo normal y las gallinas se negaban a dormir. Y en Japón, 20 pequeños terremotos en pocos meses se pronosticaron con exactitud porque los observadores notaron que el bagre nadaba frenéticamente, como si fuera perseguido por los tiburones.

Desde el profeta Isaías nos enteramos de que la observación de los animales, incluso puede enseñarnos cómo evitar una vida en ruinas (1:2-9). Señaló que un buey conoce a su dueño, y el asno sabe que su comida está en camino (v.3). Estos animales saben quién cuida de ellos.

El pueblo de Dios, sin embargo, a menudo no es lo suficientemente perspicaz como para recordar quién es su dueño. Cientos de años después de Isaías, el apóstol Pablo les recordó a los creyentes de Corinto que no se pertenecían a sí mismos, porque Dios los había comprado a un alto precio, por lo tanto, debían honrar a Dios con su cuerpo. (1 Corintios 6:19-20).

  1. Aprendamos la lección de los animales y recordemos quién es nuestro dueño y proveedor.
  2. Vive de tal manera que los demás sepan a quién perteneces.

HG/MD

“¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en ustedes, el cual tienen de Dios, y que no son de ustedes? Pues han sido comprados por precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo.” (1 Corintios 6:19-20).