Lectura: Salmo 112:1-10

Hace algunos años participé en la fiesta de cumpleaños que unos amigos habían preparado para celebrar los 100 años de su papá.  La celebración fue increíble, había muchas actividades, música, comida y sobre todo muchos buenos recuerdos de una vida plena en Cristo.

Al final de la celebración todos los miembros de la familia, nietos, bisnietos y tataranietos, entraron al salón con un gran pastel de muchas capas, y en ellas se encontraban escritas las siguientes palabras: “Aleluya! Bienaventurado el hombre que teme al Señor y en sus mandamientos se deleita en gran manera (Salmos 112:1). Felices 100 años, José”.

Al siguiente día, volví a leer el Salmo 112, me impactó ver cómo parecía describir a José, quien había caminado con el Señor durante más de 50 años y ahora está en el cielo con Él. Tuvo sus sinsabores y errores, pero su fe inquebrantable le trajo muchas bendiciones.

Este salmo nos declara que la persona que demuestra temor reverencial hacia Dios y que se deleita en sus mandamientos, será bendecida. Como resultado de esa creciente fe e integridad, el Señor no sólo bendecirá al creyente de forma individual, sino también a sus hijos (v. 2).

Debemos sentirnos desafiados a mostrar una reverencia sincera a Dios, y a estar constantemente dispuestos a obedecer sus mandamientos de todo corazón. Si lo hacemos, cuando echemos una mirada a nuestro pasado, sin importar que hayan transcurrido muchos o pocos años, sabremos que el Señor nos ayudó a vivir una vida que le agrada.

  1. La vida es corta, has que valgan cada uno de los momentos que la componen (Filipenses 1:20-22).
  2. Gracias Señor por este día que ha sido un regalo inmerecido de tu parte.

HG/MD

“Aleluya! Bienaventurado el hombre que teme al Señor y en sus mandamientos se deleita en gran manera” (Salmos 112:1).