Lectura: Marcos 12:28-34

En una lluviosa mañana con tránsito pesado, tuve mucho tiempo para pensar en diversas cosas, entre ellas: ¿Por qué obedezco las leyes de Dios? La respuesta vino claramente a mi mente cuando llegué a un semáforo que estaba a punto de ponerse en rojo, pero que aún se encontraba en amarillo; el conductor que se encontraba del otro lado del semáforo, esperó hasta que yo me detuviera totalmente para empezar a cruzar la intersección, “¿Pero, por qué me detuve?”, me pregunté, “pude haber pasado, aún estaba en amarillo”.

La luz amarilla es preventiva y nos da el tiempo suficiente para detener el vehículo, pero, aparte de esta simple razón, existe una razón más importante: mi supervivencia.  Si yo me arriesgo a cruzar la intersección en amarillo, el conductor del otro lado de la intersección podría pensar que puede empezar a cruzar y chocaríamos, de forma que posiblemente resulte herido, se produzcan grandes daños a los autos y hasta podría morir; incluso si llego a cruzar en rojo, un policía me impondría una fuerte multa.

De igual forma, obedecer los mandamientos que Dios nos ha dado para este tiempo, reduciría muchos de los problemas que enfrentamos en la carretera de la vida.  Cuando al Señor le preguntaron: “De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?” Y Él respondió: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” y el segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Marcos 12:28-31), nos estaba marcando el derrotero de obediencia que debemos seguir.

Cuando depositamos nuestra fe en Jesús como nuestro Señor y Salvador, experimentamos el pleno amor de Dios, y debido a ello, lo natural debería ser querer obedecer sus mandatos.  Es como empezar a disminuir la marcha cuando nos acercamos a un semáforo en color amarillo, detenernos completamente cuando la luz roja de la obediencia a sus mandamientos nos lo indique, y esperar hasta que la luz cambie a color verde para continuar nuestro andar con Dios.

1. Amar a Dios es obedecerlo.

2. Nuestro camino de fe implica identificar diariamente lo que debemos hacer para nuestro tiempo, observando detenidamente el semáforo de los mandamientos divinos.

HG/MD

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Marcos 12:30).