Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.
Lectura: Tito 2:11-14
Cuando alguien espera una visita importante, no se limita a mirar por la ventana. Ordena, prepara y revisa lo necesario para recibirla. La espera verdadera modifica el presente. De la misma manera, la esperanza en el regreso de Cristo no fue dada para alimentar especulaciones, sino para formar una vida sensata, justa y piadosa.
Pablo enseña que la gracia salvadora de Dios se ha manifestado y nos educa. Esa gracia no sólo perdona; también nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos. Al mismo tiempo, vivimos aguardando la esperanza bienaventurada: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
El regreso de Cristo es esperanza porque completará la salvación, hará justicia y reunirá a su pueblo con Él. Pero el pasaje conecta esa expectativa con la vida diaria. Quien espera al Señor aprende a decir no al pecado y sí a las buenas obras. No fija fechas ni abandona responsabilidades. Trabaja, sirve, ama y se mantiene preparado.
Es posible hablar mucho del futuro y vivir poco para Cristo en el presente. También es posible quedar tan absorbidos por las tareas actuales que olvidemos hacia dónde se dirige la historia. La gracia nos enseña a mantener ambas cosas unidas. Cristo vino para redimirnos y volverá en gloria. Mientras tanto, somos un pueblo suyo, purificado y celoso de hacer el bien. Esperar correctamente significa vivir hoy de una manera que reciba con gozo a nuestro Salvador.
Puntos para la reflexión:
1. Elige una práctica que necesitas abandonar para vivir preparado para el regreso de Cristo. Define hoy la primera medida concreta y verificable.
2. Realiza esta semana una buena obra que normalmente pospones, recordando que la espera cristiana es activa y busca reflejar el carácter del Salvador.
Versículo para memorizar:
«Aguardando la esperanza bienaventurada, la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo». Tito 2:13 – RVA-2015.
Oración final
Señor Jesús, espero tu manifestación gloriosa. No permitas que esta esperanza se convierta en especulación o descuido. Que tu gracia me enseñe a renunciar al pecado, vivir con sensatez y dedicarme a hacer el bien. Ayúdame a cumplir mis responsabilidades presentes con la mirada puesta en tu regreso, de modo que pueda recibirte con gozo y confianza, gracias Señor Jesús, te esperamos. Amén.
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