Lectura: Isaías 55:1-9

El dueño de un restaurante en Estados Unidos, informó lo siguiente: “Hice una promoción de: “alitas de pollo” como entremés a $0,15 y puse un límite de diez por cliente y cada noche vendía todas”.

Me alegro de que Dios no opera así, sino que hace exactamente lo contrario Dios da gratuitamente algo de mucho valor.  Isaías 55 lo describe como un vendedor en un mercado que llama a la multitud que pasa por allí: “¿Alguien tiene sed? Venga y beba, ¡aunque no tenga dinero! Vengan, tomen vino o leche,  ¡es todo gratis! ¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no les dan fuerza? ¿Por qué pagar por comida que no les hace ningún bien? Escúchenme, y comerán lo que es bueno; disfrutarán de la mejor comida” (Isaías 55:1-2).

Las multitudes pasan de largo.  Se arremolinan por los puestos de venta en busca de satisfacción.  Gastan el dinero en una comida que no los va a alimentar y en una bebida que no apagará su verdadera sed.  Pues el dinero no puede comprar lo que realmente necesitan.

Dios ofrece un alimento verdadero, un gozo duradero, y perdón de pecados, y es ¡GRATIS!, ¡NO BARATA!  Los compradores no lo toman en serio, y sin embargo, él no cambia su estrategia de mercadeo.

¿Estas gastando todo lo que tienes en algo que nunca te va satisfacer?  La salvación que Jesús compró a un GRAN costo es gratis para todo el que la acepte.

  1. ¿Las has aceptado? Hoy puede ser ese día.

 

  1. La salvación es infinitamente costosa, pero absolutamente gratis.

 

NPD/HWR