Lectura: Isaías 50:4-10

Un doctor del servicio de oncología o especialista en cáncer, era excepcional en su rama de experticia, pero no tenía un afecto particular por las cosas espirituales, y por el contrario le parecía algo sin sentido aferrarse a la fe en un Dios al cual no podía ver.

No obstante, una de sus pacientes, quien también tenía un alto grado académico, pero que desgraciadamente tenía un grado de avance fatal de la enfermedad, le empezó a hablar continuamente de su fe y de cuan buena era durante este momento de dolor.  Aunque el médico negaba la existencia de Dios, no podía ignorar la serenidad de esta mujer frente a la muerte.

Un día la mujer le preguntó: “Doctor, ¿en qué cree usted?”.   Esta pregunta lo tomó por sorpresa y le dijo: “En realidad no estoy seguro en lo que verdaderamente creo”.  Unos pocos días después la mujer murió.

Luego de ese último diálogo, aunque pequeño en longitud, pero grande en magnitud, su sentido de la curiosidad se activó y se dio cuenta a los días que en verdad nunca le había dado una oportunidad a la fe cristiana, nunca había examinado la evidencia, empezó a descubrir con su lectura de la Biblia y varios libros, los hechos reales que contiene la Escritura; un par de años después estaba entregando su vida a Jesús como su Señor y Salvador.

¿Cuál fue el detonante que lo llevó a este viaje en búsqueda de la fe?, una simple pregunta realizada por una anciana quien estaba cerca de la muerte: “¿En qué cree usted?”.

  1. Oportunidades como las que tuvo esta mujer en sus últimos días de vida, se nos presentan más a menudo de lo que creemos, estemos preparados para guiar con preguntas sencillas a las personas que aún no han depositado su fe en Jesús, de forma que puedan preguntarse sobre el sentido de la vida.
  2. Puede ser que la siguiente persona que conozcas necesite conocer a Jesús.

HG/MD

“El Señor Dios me ha dado una lengua adiestrada para saber responder palabra al cansado. Me despierta cada mañana; cada mañana despierta mi oído para que yo escuche, como los que son adiestrados.” (Isaías 50:4).