El precio de poner la Biblia en manos de otros

por | Sep 16, 2026 | Devocionales | 0 Comentarios

Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.

Lectura: Salmos 119:41-48

William Tyndale soñó con que personas comunes pudieran leer las Escrituras en inglés. En la década de 1520 su Nuevo Testamento comenzó a imprimirse fuera de Inglaterra y a entrar clandestinamente al país. Su trabajo surgió en un tiempo de intensos conflictos religiosos y políticos. Tyndale terminó arrestado y fue ejecutado por herejía en 1536. La historia es más compleja que una sola frase, pero el costo de su labor fue real.

Tyndale no fue el único que arriesgó seguridad, reputación o vida en torno a la traducción y difusión bíblica. En el mundo hispano, Casiodoro de Reina también conoció persecución y exilio. En otros lugares, misioneros y traductores han pasado décadas aprendiendo idiomas, desarrollando alfabetos y trabajando junto a comunidades para que la Escritura pueda ser comprendida.

El salmista declara que hablará de los testimonios de Dios aun delante de reyes y no quedará avergonzado. No todos seremos llamados a una situación extrema, y no debemos buscar el sufrimiento para demostrar nuestra fe, pero sí necesitamos preguntarnos cuánto valor tiene la Palabra para nosotros. A veces no nos enfrentamos a una autoridad hostil; simplemente tememos parecer extraños delante de amigos, compañeros o familiares.

La valentía cristiana no consiste en usar la Biblia como arma para ganar discusiones. Consiste en estar tan convencidos de la verdad y gracia de Dios que no la escondemos cuando alguien necesita escucharla. Los traductores del pasado trabajaron para poner la Palabra en manos de otros. Nosotros podemos continuar esa misión cuando explicamos el evangelio, enseñamos a nuestros hijos, discipulamos a una persona o abrimos la Biblia con alguien que tiene preguntas.

Probablemente a la mayoría de nosotros no se nos pedirá pagar el precio que pagaron algunos traductores del pasado. Pero cada generación enfrenta formas más pequeñas de costo: quedar fuera de una conversación, admitir que una práctica popular contradice nuestras convicciones, hablar del evangelio con respeto cuando sería más cómodo callar o sostener la verdad sin responder con agresividad. El valor cristiano no busca sufrimiento ni dramatiza la oposición. Simplemente decide que la aprobación de Dios pesa más que la comodidad de parecer aceptable ante todos.

Conclusión. Otros pagaron un precio para que las Escrituras fueran accesibles. Nosotros honramos su esfuerzo cuando vivimos sin vergüenza de la verdad y la compartimos con gracia.

Puntos para la reflexión

  1. Piensa en una persona con quien has evitado hablar de tu fe por temor y ora específicamente por una oportunidad natural para conversar.
  2. Practica explicar en dos o tres minutos por qué la Biblia es importante para ti sin atacar ni menospreciar a quien piensa diferente.

Versículo para memorizar: “Hablaré de tus testimonios delante de los reyes y no quedaré avergonzado” (Salmos 119:46 -RVA-2015)

Oremos. Señor, dame valor sin arrogancia y convicción sin dureza. Ayúdame a no avergonzarme de tu verdad y a compartirla con amor. Amén.

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