Lectura: Juan 14:15-31

Todos reconocemos y hasta admiramos a personas que luego de darlos por derrotados, de alguna manera se levantan para alcanzar la victoria.  Hace algún tiempo una revista deportiva publicó un artículo que hablaba de ese tema, específicamente de los retornos más grandes de toda la historia humana.

Sorprendentemente, esta revista seleccionó la resurrección de Jesús como el evento de retorno número 1 de la historia, y lo expresaron de la siguiente forma: “Jesús, 33 d.C. deja atónitos a los romanos y judíos de su tiempo con su resurrección”.

Que interesante manera de reconocer que, en una lista de grandes retornos de la historia, la victoria de Jesús sobre la muerte merece el lugar de privilegio; y es que recordemos: sus amigos y familia lo vieron crucificado (Juan 19:25-26), sus enemigos lo oyeron diciendo que todo estaba consumado (Juan 19:28-30), los que lo admiraban dieron un lugar donde depositar su cuerpo sin vida, (Mateo 27:57-60) y sus discípulos se sentaron a llorar su pérdida desesperados al ver que su Maestro había muerto (Marcos 16:9-11).

Normalmente, cuando alguien muere nadie espera que regrese, pero no fue así con Jesús.  Él les había prometido a Sus discípulos que luego de ser crucificado por Sus enemigos, Él volvería a la vida; Mateo lo registró de la siguiente manera: “Desde entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que le era preciso ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).  Y fue eso exactamente lo que ocurrió.

  1. En Hechos 1:6-11 el Señor se despide momentáneamente de nosotros, y nos asegura que volverá de la misma manera en que se fue. 
  2. La tumba vacía es el fundamento de nuestra fe y sigue anunciando el regreso más maravilloso de todos los tiempos, ¡ven Señor Jesús!

HG/MD

“Todavía un poquito y el mundo no me verá más; pero ustedes me verán. Porque yo vivo, también ustedes vivirán” (Juan 14:19).