Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.
Lectura: Apocalipsis 21:1-5
Después de una inundación, una familia regresó a su casa y encontró fotografías dañadas, muebles destruidos y marcas de agua en las paredes. Limpiar ayudó, pero algunas pérdidas no podían recuperarse. Nuestro mundo también lleva señales profundas del pecado: cementerios, hospitales, conflictos y despedidas. La esperanza cristiana no consiste en una reparación superficial, sino en la promesa de una creación verdaderamente nueva.
Juan vio un cielo nuevo y una tierra nueva. Escuchó una voz que anunciaba que Dios habitaría con su pueblo. Entonces aparece una de las promesas más tiernas de la Biblia: Él enjugará toda lágrima; no habrá más muerte, duelo, llanto ni dolor. Las primeras cosas habrán pasado. El que está sentado en el trono declara: «He aquí yo hago nuevas todas las cosas».
Esta visión no describe almas flotando para siempre lejos de la creación. Presenta a Dios habitando con una humanidad redimida en una realidad renovada. Todo lo que el pecado corrompió será removido y la comunión con Dios será completa. La esperanza cristiana es corporal, relacional y eterna. Nuestro futuro no es una sombra menos real que la vida presente, sino la plenitud de la vida bajo el gobierno de Dios.
Cuando el dolor actual parezca ocuparlo todo, recuerda que tiene una fecha de vencimiento. Todavía lloramos y debemos acompañar a quienes lloran, pero ninguna lágrima del creyente es ignorada. El mismo Dios que promete el futuro está presente hoy. Él hará nuevas todas las cosas, y su palabra es fiel y verdadera.
Puntos para la reflexión:
1. Escribe qué aspecto de la nueva creación te produce mayor esperanza y úsalo para orar por una pérdida o dolor que todavía llevas contigo.
2. Consuela esta semana a alguien sin prometerle soluciones rápidas. Recuérdale con sensibilidad que Dios ve sus lágrimas y ha prometido un mundo sin muerte ni dolor.
Versículo para memorizar:
«Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor». Apocalipsis 21:4a – RVA-2015.
Oración final
Dios que haces nuevas todas las cosas, tú ves cada lágrima y conoces las pérdidas que no podemos reparar. Gracias por prometer un mundo sin muerte, duelo, llanto ni dolor. Sostén mi corazón mientras todavía vivo entre las primeras cosas y úsame para acompañar a quienes sufren. Mantén viva en mí la certeza de que tu palabra es fiel y verdadera. Te lo pido en tu nombre Señor Jesús. Amén.
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