Lectura: Apocalipsis 22:1-7
En el pasado tuve la oportunidad de visitar una marina, donde personas con bastante dinero tienen sus hermosos veleros anclados en un lugar donde son protegidos de las inclemencias del mar abierto y otras situaciones que los puedan dañar.
Mientras paseábamos por la marina me resultó muy simpático leer los nombres de muchos de esos barcos. Algunos eran muy creativos y descriptivos, como, por ejemplo: “Mi Casa en el Agua”, “El Mejor Resort de Lujo”, y “Tercera Hipoteca”.
Sin embargo, uno de los nombres cautivó mi atención, se llamaba: “Mientras el yate sea grande, el cielo puede esperar”. Al ver este sugestivo nombre en ese barco, pensé que probablemente la frase representa los sentimientos de muchas personas, incluso los de algunos creyentes a quienes Dios les ha permitido acumular riquezas.
Algunos están tan enamorados de sus hogares terrenales o de sus comodidades temporales, que si les fuera posible estarían dispuestos a poner en pausa el traslado final a su hogar celestial. Es una realidad que este mundo moderno nos presenta demasiadas comodidades y placeres, tanto así que no anhelamos las alegrías del cielo. Además, estamos tan relacionados con nuestros amigos y nuestra familia aquí, que hemos perdido el deseo de unirnos a la familia aún más amplia que nos espera en el cielo.
Por supuesto, es genial tener una buena vida aquí. No obstante, en 1 Timoteo 6:17 el Señor nos hace una advertencia con las siguientes palabras: “A los ricos de la edad presente manda que no sean altivos ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas sino en Dios quien nos provee todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. No podemos estar tan atados a las cosas terrenales, hasta el punto de perder todo interés en las celestiales. Apocalipsis 21:4 nos describe el cielo como un lugar sin lágrimas, sin pecado, ni dolor, ni decepción, y lo mejor es que estaremos con Jesús para siempre.
Puntos para la reflexión:
- No importa cuán buena sea nuestra vida aquí, el cielo es mucho mejor.
- Los placeres de la tierra no se pueden comparar con las alegrías que nos esperan en el cielo.
Versículo para memorizar:
“Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron”. (Apocalipsis 21:4) – RVA2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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