Este devocional forma parte de la serie: Más que un libro.
Lectura Hebreos 1:1-4
Piensa en una persona que intenta conocerte solo observando tus fotografías. Podrá descubrir algo: dónde estuviste, con quién compartiste o qué cosas disfrutas. Pero nunca llegará a conocerte de verdad si tú no hablas. El conocimiento profundo requiere revelación. De una manera infinitamente mayor, la creación nos muestra el poder y la sabiduría de Dios, pero necesitamos que Dios se dé a conocer para saber quién es, qué ha hecho y cómo quiere relacionarse con nosotros.
Hebreos comienza con una afirmación extraordinaria: Dios ha hablado. Lo hizo en distintos momentos y maneras por medio de los profetas, y la revelación alcanza su punto culminante en el Hijo. La fe cristiana, por lo tanto, no comienza con seres humanos tratando de escalar para llegar a Dios mediante ideas religiosas. Comienza con Dios tomando la iniciativa. Él se revela, llama, promete, corrige, salva y finalmente nos muestra con claridad su carácter en Jesucristo.
La Biblia registra esa revelación dentro de la historia. No cayó del cielo como un volumen terminado. Dios habló y actuó; personas escogidas comunicaron su mensaje; generaciones conservaron el testimonio; los apóstoles proclamaron lo que habían visto y aprendido de Cristo. Esto nos ayuda a comprender por qué estudiar cómo se escribió y transmitió la Biblia no disminuye nuestra fe. Al contrario, nos permite admirar la manera en que Dios obró a través de medios humanos para comunicar una verdad que viene de Él.
Existe una diferencia entre leer la Biblia para acumular información y leerla para escuchar a Dios en el sentido correcto: no esperando una voz secreta detrás de cada frase, sino recibiendo atentamente lo que Él ya ha revelado en el texto. Cuando lees acerca de su santidad, no es un dato distante. Cuando encuentras su gracia en Cristo, no es una teoría. Cuando una instrucción confronta tu conducta, Dios está usando su Palabra para formar tu vida.
Y si Dios ha hablado de manera culminante mediante su Hijo, entonces toda lectura cristiana debe mantener el evangelio en el horizonte. La Biblia no fue dada para alimentar una espiritualidad sin Cristo ni para convertirnos en personas orgullosas de cuánto sabemos. Nos conduce a reconocer nuestra necesidad, la fidelidad de Dios y la suficiencia de la obra de Jesús. Leer con reverencia significa estar dispuestos a que una verdad que conocemos desde hace años vuelva a sorprendernos, consolarnos o confrontarnos hoy.
Conclusión. La maravilla de la Biblia no es solamente que podamos estudiarla, sino que el Dios eterno quiso darse a conocer y se nos ha revelado de manera culminante a través de su Hijo.
Puntos para la reflexión
• Lee hoy Hebreos 1:1-4 y anota todo lo que el pasaje afirma acerca de Jesucristo.
• Antes de buscar una respuesta en opiniones, redes o experiencias, pregúntate primero qué ha revelado Dios claramente en su Palabra.
Versículo para memorizar:— “Dios, habiendo hablado en otro tiempo muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por medio de quien, asimismo, hizo el universo” (Hebreos 1:1-2 – RVA 2015).
Oremos. Padre, gracias porque has hablado. Ayúdame a recibir tu revelación con reverencia y a mirar a Jesucristo como el centro de lo que quieres que conozca de ti. Amén.
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