Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.
Lectura: Romanos 1:14-17
Martín Lutero relató años después que luchó intensamente con la expresión “la justicia de Dios” en Romanos 1:17. Llegó a comprenderla no solamente como la justicia por la cual Dios juzga, sino en relación con la justicia que Dios concede al pecador por la fe. La fecha y los detalles exactos de lo que a veces se llama su “experiencia de la torre” siguen siendo discutidos por historiadores, pero no hay duda de que Romanos desempeñó un papel decisivo en el desarrollo de su comprensión de la justificación por la fe.
La historia es importante porque nos recuerda que una frase bíblica puede obligarnos a revisar un sistema entero de pensamiento. Pablo afirma que el evangelio es poder de Dios para salvación y que en él se revela la justicia de Dios “por fe y para fe”. La salvación no es un proyecto de auto-mejoramiento con el que intentamos acumular méritos suficientes delante de Dios. El evangelio anuncia lo que Dios ha hecho en Cristo y llama al pecador a confiar.
Pero no necesitamos vivir en el siglo XVI para luchar con el mismo problema. Podemos convertir la vida cristiana en una competencia de rendimiento. Pensamos que Dios nos acepta más en nuestros buenos días y apenas nos tolera cuando fallamos. La obediencia importa profundamente, pero no es la moneda con la que compramos nuestra justificación. La gracia produce una vida nueva; no es el salario pagado a quienes lograron una vida perfecta.
Una lectura atenta de la Biblia puede derribar ideas religiosas que hemos absorbido sin examinarlas. Por eso no debemos temer cuando un pasaje desafía una tradición, una frase popular o una suposición personal. La pregunta debe ser: ¿qué enseña realmente el texto dentro del mensaje completo de las Escrituras? La Reforma nos dejó muchas discusiones históricas, pero en el corazón de esta escena hay una verdad pastoral: el pecador necesita descansar en la obra de Cristo, no en su propio mérito.
La gracia resulta ofensiva para nuestro orgullo porque no nos permite presentarnos ante Dios con una hoja de méritos. Incluso después de creer, podemos volver a medir nuestra seguridad por la semana que tuvimos, la disciplina que cumplimos o el fracaso que cometimos. Romanos nos obliga a mirar fuera de nosotros. La justicia de Dios revelada en el evangelio nos enseña a descansar en Cristo y, desde esa seguridad, a obedecer. La disciplina cristiana importa, pero es fruto de la gracia; nunca es la moneda con la que compramos aceptación.
Conclusión. La Palabra puede reformar no solo instituciones, sino la manera en que una persona entiende a Dios, la gracia y su propia necesidad.
Puntos para la reflexión
- Examina si estás relacionándote con Dios desde el temor de “ganarte” su aceptación o desde la confianza en la obra de Cristo.
- Lee Romanos 1:16-17 y escribe con tus propias palabras qué anuncia el evangelio acerca de la salvación.
Versículo para memorizar: “Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe.” (Romanos 1:17 – RVA-2015)
Oremos. Dios de gracia, líbrame de confiar en mis méritos. Ayúdame a descansar en Cristo y a obedecerte como respuesta agradecida a lo que tú has hecho. Amén.
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