Lectura: Eclesiastés 4:9-12

En una visita a un vivero de árboles, tenían varios tipos en diversas etapas de crecimiento, pero me llamó la atención uno de ellos que era muy alto y tenía sus ramas muy delgadas; no obstante el problema era que sus ramas habían comenzado a doblarse sobre sí.

Le pregunté al encargado que, si esto era normal, e inmediatamente me dijo que no, que ese árbol estaba enfermo por descuido, y que ese tipo de árboles necesitaba de otros de su misma especie para entrelazarse, formando entre todos un tronco más fuerte y seguro. 

Otro ejemplo de esto son las secuoyas rojas las cuales miden aproximadamente115 metros o 377 pies de altura, ya que tienen un sistema de raíces poco profundo en proporción a su tamaño, unos 30 metros o 98 pies desde la base del árbol; sin embargo, lo extraordinario es que logran estabilizarse mutuamente entrelazando sus raíces con las de los árboles vecinos. Un sistema que les permite soportar inundaciones e incluso huracanes. Se necesitan mutuamente para sobrevivir, crecer y superarse a sí mismos.

Por el contrario, la tendencia de muchas personas es permanecer “cercanos” por muchos años, pero creciendo separadamente, sin llegar a formar un verdadero equipo, con lo cual se pierden de los beneficios que Dios quiere brindarles si se complementaran, tal como lo indica Eclesiastés 4:12: “…Y un cordel triple no se rompe tan pronto”.

Tal como estos árboles, los creyentes y los matrimonios requieren cuidarse entre ellos, creciendo juntos, permitiendo que Dios sea el centro de ese vínculo especial que comparten.

  1. La inagotable gracia y amor de Dios, son los motores que necesitamos para mantenernos juntos en la aventura de la vida.
  2. Permítenos Señor entender que nos necesitamos y complementamos unos a otros.

HG/MD

“Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Como los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros” (Juan 13:34).