Lectura: Juan 5:1-23
Camila estaba preparando una presentación importante para su curso universitario. Había revisado cada detalle, practicado varias veces y aun así sentía una presión enorme por hacerlo todo perfecto. La noche anterior, mientras compartía su preocupación con su mamá, ella le dijo con sencillez: “Oremos. Señor, Camila ha hecho su parte, pero necesita recordar que su confianza no está en su capacidad, sino en ti. Guía sus palabras, guarda su corazón y ayúdala a depender de ti”.
Aquella oración la hizo detenerse. Camila entendió que depender de Dios no significa dejar de prepararse, sino reconocer que aun nuestros mejores esfuerzos necesitan estar en sus manos. Al día siguiente, antes de hablar, respiró profundo y oró en silencio diciendo: “Señor, no quiero hacerlo sola”. Entonces recordó que la verdadera paz no nace de tener todo bajo control, sino de saber que Dios camina con nosotros en cada paso.
Mientras estuvo en este mundo nuestro Señor Jesús también demostró una dependencia continua de su Padre. En Juan 5:19, durante el ritualmente establecido día de reposo, cuando las autoridades religiosas lo cuestionaron por “trabajar” ya que ese día había sanado a alguien, Él respondió diciendo: “…De cierto, de cierto les digo que el Hijo no puede hacer nada de sí mismo sino lo que ve hacer al Padre…”. Esta dependencia no implica debilidad o inferioridad, sino que están perfectamente unidos y relacionados en su obra, y muestra una completa coherencia en Jesús, ya que en ese momento estaba en “forma de siervo” tal y como lo explica Filipenses 2:7.
La dependencia mostrada por Jesús con el Padre establece el mejor ejemplo de lo que significa vivir en comunión con Dios. En Juan 15:5 aprendemos cómo cada respiración es un regalo de Dios y Él quiere que vivamos llenos de su fortaleza. Cuando amamos y servimos mediante nuestras oraciones y nuestra entrega minuto a minuto a su Palabra, estamos declarando nuestra dependencia de Él.
Puntos para la reflexión:
- Cada nueva mañana que Dios nos regala, debemos iniciar siempre con Él, en oración.
- Asimismo, cada final del día, debemos terminar con Él, en oración.
Versículo para memorizar:
“Haya en ustedes esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús: Existiendo en forma de Dios, él no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse;sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres”. Filipenses 2:5-7 – RVA2015.
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