Lectura: Mateo 17:14-21
Todos deberíamos tener una mayor cantidad de ella, sobre todo cuando nos enfrentamos a problemas tan grandes que parecen montañas imposibles de escalar. Sin embargo, aunque no lo creas, la mayoría de nosotros estamos muy acostumbrados a usarla sin darnos cuenta, me refiero a la fe.
Te preguntarás a qué me refiero. Acá menciono algunos ejemplos. Cuando llegamos a centros comerciales, un hospital, un banco, o cualquier otro lugar público, nos sentamos en sillas sin comprobar que están en buenas condiciones. También, ya sea en nuestros trabajos o casas, solemos utilizar hornos de microondas sin comprobar que funcionan adecuadamente y no tienen daños eléctricos. Asimismo, ponemos cerraduras en las puertas y esperamos que abran con una simple llave, o subimos a un auto o al transporte público sin preguntarnos quién revisó el estado de los frenos para asegurarse que funcionan.
Nosotros no vamos por ahí clamando lo siguiente: “¡Si yo tuviera más fe en las sillas, en los microondas, en las llaves o en los mecánicos!”. Dependemos de estos objetos porque simplemente los hemos catalogado como confiables y damos por un hecho que funcionarán apropiadamente, no porque hayamos ejercitado grandes sentimientos de confianza o fe en ellos. Pero ¿qué pasa en nuestra vida cristiana? ¿Sucede lo mismo cuando inevitablemente tenemos que caminar a través de grandes pruebas y obstáculos que nos desaniman? En Marcos 11 22 Jesús no les dijo a sus discípulos: “Tengan MÁS fe en Dios”. Él simplemente les dijo: “Tengan fe en Dios”.
El maestro de la Biblia Stuart Briscoe quien vivió entre los años 1930 al 2022, escribió lo siguiente: “La fe es tan válida como su objeto. Puedes tener una tremenda fe en el hielo delgado y ahogarte. Sin embargo, también puedes tener una fe muy pequeña en el hielo grueso y estar perfectamente seguro”.
Muchos creyentes depositan su fe en el objeto incorrecto, en lugar de tener fe en Dios. Por este motivo, al enfrentar las pruebas se pueden paralizar como quien ve una montaña gigantesca que debe atravesar, el tamaño de las pruebas muchas veces nos parece demasiado abrumador. No obstante, el Señor Jesús nos enseñó que es suficiente con que tengamos una fe del tamaño de un grano de mostaza, ya que, si esta fe está plantada en el suelo de la grandeza de Dios, podremos atravesar cualquier montaña por más grande que sea.
Puntos para la reflexión:
- ¿Cuál es tu montaña hoy? Tan pronto como plantes tu semilla de fe en el campo correcto, el campo de Dios, esa montaña se convertirá en un instrumento para fortalecer tu vida y así podrás descansar en su fidelidad.
- Hoy queremos dejarte una frase clave para que te la aprendas y la repitas diariamente, la frase dice: ¡Elijo depositar mi fe en Dios todopoderoso y no en objetos o personas incorrectas!
Versículo para memorizar:
“Respondiendo Jesús les dijo: Tengan fe en Dios”. Marcos 11:22 – RVA 2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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