Un campo de fuego

por | Dic 22, 2018 | Devocionales | 0 Comentarios

Lectura: Santiago 3:1-18

El pasado mes de noviembre fuimos testigos del peor fuego en la historia de California, Estados Unidos, fue llamado el Camp Fire (Campo de Fuego). Cobró la vida de al menos 86 personas, envolvió un área de 62,053 hectáreas (153,335 acres) y destruyó 18,804 estructuras; gastaron miles de millones de dólares controlándolo, se evacuaron miles de personas y todo esto posiblemente inició con un sencillo fósforo (cerilla).

Una pequeña chispa, puede causar un incendio tan grande como el Campo de Fuego.  Con palabras similares, el autor de Santiago describe el daño que podemos causar por medio de palabras descuidadas y negligentes: “Así también la lengua es un miembro pequeño pero se jacta de grandes cosas. ¡Miren cómo un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande! 6 la lengua es un fuego; es un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros y es la que contamina el cuerpo entero. Prende fuego al curso de nuestra vida[a] y es inflamada por el infierno” (Santiago 3:5-6).

La Palabra de Dios nos llama a tener cuidado con el poder destructivo de nuestras palabras.  Un comentario poco meditado u ofensivo, puede causar un infierno emocional en las personas.  La mejor forma de evitar esto es no encendiendo ese primer fósforo (cerilla), teniendo un cuidado extremo con nuestras palabras y pidiendo siempre a Dios que en su sabiduría guíe nuestras palabras y pensamientos antes de que salgan de nuestra boca, tal como lo dice Santiago 3:17: “En cambio, la sabiduría que procede de lo alto es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y no hipócrita”.

  1. Si cada día al levantarnos oramos a Dios para que guíe nuestras palabras con sabiduría, podremos suprimir las chispas incendiarias de las palabras equivocadas.
  2. Las palabras no rompen huesos, pero sí pueden romper corazones.
  3. El lenguaje es un regalo de Dios. Podemos usar sabiamente nuestras palabras, para bendecir a Dios y edificar a nuestros semejantes, este debe ser uno de nuestros regalos para Él.

HG/MD

“Así también la lengua es un miembro pequeño pero se jacta de grandes cosas. ¡Miren cómo un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande!” (Santiago 3:5).

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