Lectura: Mateo 5:1-12

Se cuenta que León Tolstói (1828-1910), pasó por una crisis religiosa que cambió su vida cuando tenía un poco más de cuarenta años.  Tolstói no estaba satisfecho con la religión rusa tradicional, y en su búsqueda descubrió el Sermón del Monte (Mateo 5–7).

Al leerlo y tratar de comprenderlo, procuró vivir a la altura de su mensaje de sencillez, amor y perdón. Regaló la mayor parte de su fortuna; en ese camino fundó muchas instituciones caritativas y proclamó el evangelio, aunque probablemente lo conozcas más por su clásica novela “La guerra y la paz”.

Al final de su vida, Tolstói escribió numerosas historias cortas y parábolas que hablaban de la ventaja de vivir siguiendo los principios del Sermón del Monte. A una de ellas se le conoce como: “¿Cuánta tierra necesita un hombre?”, la cual cuenta la historia de Pahóm, un campesino quien quería ser dueño de una propiedad. “Si tuviera mucha tierra”, -dijo- “no debería temer ni al mismo diablo”.

El diablo oyó el alarde de Pahóm y se encargó de que tuviera oportunidades para obtener más y más tierra. Pero nunca se satisfizo y por eso, en su búsqueda, se mudó al interior de Rusia. Allí, un jefe local le hizo un desafío enorme. Podía comenzar a caminar en la mañana y poseer toda la tierra alrededor de la cual pudiera hacer un círculo para la puesta de sol.

Salió al amanecer y, llevado por la codicia, trató de hacer un círculo alrededor de un lote enorme de selva. Justo a la puesta de sol, llegó tropezando al punto de partida, estaba exhausto. Cuando alargó la mano para tocar la meta, cayó al suelo, Pahóm estaba muerto. Tolstói concluyó con estas palabras: “Dos metros, desde su cabeza hasta sus talones era toda la tierra que necesitaba.”

Cuando te obsesionas con adquirir cualquier cosa, desde tierra, objetos o lujos que no necesitas, estás muy cerca de caer en la trampa del diablo.  Satanás usará tu codicia para destruirte.

Así que no te equivoques, tu meta más elevada debe ser dar, no recibir. Después de todo, de eso se trata el Sermón del Monte.

  1. No te dejes engañar, las cosas de este mundo son temporales y tan pasajeras como las flores que hoy están y mañana no.
  2. Trata de enfocar tu búsqueda en las cosas de arriba, invierte tu vida en lo que vale la pena, conocer a Dios (Juan 17:3) y servir a tus semejantes (Mateo 22:39).

HG/MD

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia” (Mateo 5:7).