Lectura: Proverbios 10:19-21
Me gusta mucho el siguiente refrán: “El Señor nos hizo con dos oídos y una boca para que oigamos el doble de lo que hablamos”.
Quizás nos parezca gracioso, pero este refrán encierra un principio práctico. En Eclesiastés 3:7, el escritor nos recomienda lo siguiente: existe un “tiempo de callar y tiempo de hablar”. Aprender a callarse es una manera de mostrar humildad, y prestar atención para escuchar; a su vez, esto acrecienta nuestra empatía y nos ayuda a decir las palabras correctas.
En Proverbios 20:5 se nos dice: “Como aguas profundas es el propósito en el corazón del hombre, pero el hombre de entendimiento logrará extraerlo”. Para llegar hasta lo profundo de un tema es necesario comprender que existe una diferencia entre “oír” y “escuchar”. Al oír, simplemente percibimos los sonidos, mientras que, al escuchar, prestamos atención a lo que oímos.
Debido a esto es que mientras escuchamos a los demás, también debemos prestar atención a lo que Dios quiere decirnos. ¿Qué hacía Jesús cuando escribió en el suelo mientras los fariseos acusaban a la mujer adúltera? (Juan 8:1-11). Algunos han dicho que escuchaba con mucha atención la voz de su Padre, para brindar una respuesta inesperada que sin duda sigue resonando en los oídos y corazones de quienes leen y escuchan esta respuesta.
- Señor, danos sabiduría para entender cuándo debemos hablar y cuándo permanecer callados para escuchar.
- Prestemos atención a lo que el Señor nos ha revelado para nuestro tiempo en su Palabra.
HG/MD
“Por esto, la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17).
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