Lectura: 2 Corintios 4:1-6

No sé si a ustedes les ha pasado, pero en ocasiones me quedo viendo unos minutos esos programas de ventas de “cosas” que hacen de todo, menos lo que dicen hacer.

Por ejemplo, una vez vi sobre un producto “suizo” para el cabello, decía ser una fórmula avanzada, pero ¿avanzada en qué, usan robot para hacerla?; también decía que estaba fabricada usando el agua de los manantiales suizos, ¿acaso los manantiales suizos tienen una fórmula diferente de agua H2O? Y, para terminar, lo promocionaban como un producto que se fijaba al cabello y lo dejaba suave, pero me pregunté: ¡claro que no, si uno se lo quita con el agua en la ducha!

Es increíble que las personas continúen creyendo en los productos que anuncian en ese tipo de programas, tampoco estoy diciendo que todo lo que dicen sea mentira, pero la verdad es que en la mayoría de los casos utilizan exageraciones con tal de vender sus productos.

Y aunque no lo creas, ese tipo de publicidad falsa ha incidido negativamente en que la gente escuche el evangelio, pues muchos han sido víctimas de tantos engaños y mentiras, que les resulta inverosímil creer que las buenas nuevas del mensaje de salvación sean verdaderas y gratuitas, aunque ciertamente no son baratas.

Entonces, ¿qué hacemos para que la gente escéptica y endurecida escuche sobre Jesús? Digamos la verdad sobre Él. No exageremos (2 Corintios 4:2).  Evitemos los clichés. No hagamos promesas fabulosas que la Biblia no hace. Y, sobre todo, mostremos con nuestra vida que nuestras creencias realmente dan resultado. Ese es el tipo de testimonio que nadie puede rehusar.

  1. Compartamos el evangelio sin ingredientes adicionales.
  2. Dios no miente, rechazar su oferta de salvación, nos traerá muy malas noticias (Romanos 6:23).

HG/MD

“El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndose a lo bueno” (Romanos 12:9).