Lectura: Lucas 18:1-8

Quizás uno de los mayores desafíos para el creyente es orar y no ver respuesta.  Le pides a Dios por el rescate de tu amigo que está en problemas, que sane a un niño enfermo o que restablezca una relación rota.  Y si eres como la mayoría, pensarás que tus peticiones siempre deberían coincidir con la voluntad de Dios, en muchos casos oras inclusive por años y no ves los resultados que esperas.

Es ahí cuando empiezas a recordarle al Señor que Él es poderoso, que tu petición es algo bueno. Así que ruegas y sigues esperando que Dios se acomode a tu voluntad.

En ocasiones llegas a pensar que quizás Dios no te escucha o que, después de todo, no es tan poderoso, por lo que dejas de orar, incluso, durante días o meses. Pero, luego de un tiempo te sientes culpable por dudar.   Finalmente recuerdas que Dios quiere que le presentes todas tus necesidades, entonces, vuelves a pedirle.

A veces, tal vez te sientas como la viuda insistente de la parábola de Jesús que está registrada en Lucas 18. Ella seguía acudiendo al juez, molestándolo y tratando de agotarlo para que cediera. Pero, realmente sabes que Dios es más bondadoso y poderoso que el juez de esa parábola. Por eso confías en Él, porque es bueno, sabio y soberano. Recuerda, Jesús dijo que debes “…orar siempre y no desmayar” (v. 1).

  1. Confía en Dios y espera en Él.
  2. Ora, Dios siempre está escuchando.

HG/MD

“Oh Dios, escucha mi oración; atiende a las palabras de mi boca” (Salmos 54:2).