Lectura: Mateo 5:13-16
Durante una actividad universitaria, varios jóvenes escribieron a mano la misma frase y entregaron sus hojas a un especialista en grafología. Aunque todos habían copiado exactamente las mismas palabras, cada página era diferente. Algunas letras eran grandes e inclinadas; otras, pequeñas y rectas. También variaban según la presión del lápiz sobre el papel, la distancia entre las palabras, el tamaño de los márgenes y la ubicación de los puntos sobre las «íes». Según la grafología, hasta los espacios en blanco pueden interpretarse como señales de la manera en que alguien se relaciona con su entorno.
Sin embargo, la apariencia de nuestra escritura no puede revelar con certeza todo lo que existe en nuestro corazón. El cansancio, la prisa, el tipo de papel o incluso el bolígrafo pueden modificarlo. Nuestro verdadero carácter se reconoce mejor en las decisiones que tomamos, en la forma en que tratamos a los demás y en lo que hacemos cuando nadie nos observa. Una hoja de papel puede mostrar algunos rasgos debido a nuestra manera de escribir, pero son nuestras acciones las que cuentan la historia de quiénes somos.
Esta realidad me recuerda 2 Corintios 3:2, donde el apóstol Pablo nos dice que los creyentes somos como epístolas, cartas o correos electrónicos “…conocidas y leídas por todos los hombres». La forma cómo escribimos el contenido en ellas, mostrará más que solamente nuestra personalidad, mostrará a otros la clase de personas que somos en verdad.
Si estamos tratando de agradar al Señor, los hechos de nuestra vida revelarán el amor por los demás y la capacidad de respuesta a sus necesidades. También vamos a reflejar que nos comportamos diferente al mundo, y que nuestro deseo es actuar sólo por causa de la justicia, si el deber lo exige. En resumen, cada día vamos a tratar de ajustar nuestras conductas a la voluntad de nuestro Padre celestial.
Sabes, aunque no lo sepas estás escribiendo un libro, un capítulo cada día lleno de las obras que haces y de las palabras que dices. La gente lee lo que escribes, tanto lo correcto como lo incorrecto. ¿Qué clase de libro eres? ¿Uno de bendición, que da la gloria a Dios y del cual no estás avergonzado, o uno de maldad que no quieres que otros leyeran en público? Debes saberlo, siempre hay alguien que está leyendo y viendo el libro de tu vida, tienes la oportunidad de mostrarles lo que puede hacer Jesús en una vida entregada a Él.
Puntos para la reflexión:
- Deja que Jesús viva a través de ti, apóyate en su guía. Luego deja que la escritura de tu vida le diga a los demás a quién le perteneces.
- La vida del creyente es un libro abierto al mundo, ¿quieres que lean tu libro?
Versículo para memorizar:
“Ustedes son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los hombres”. 2 Corintios 3:2– RVA 2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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