Lectura: 2 Crónicas 34:14-21

Cuando las obras del Canal de Panamá dieron inicio en 1881, los constructores tuvieron que enfrentarse a múltiples peligros y desafíos, removieron toneladas y toneladas de tierra y piedras, desviaron ríos y se abrieron paso por la espesa selva. 

Sin embargo, había un peligro con el que no contaban, uno tan pequeño que podía ser destruido con el movimiento de la mano, pero el problema fue que esta pequeña amenaza se presentó en la forma de millones de mosquitos que enfermaron mortalmente con Fiebre Amarilla y Malaria a los trabajadores, las cifras de fallecidos se estiman entre los 6000 a 10000 muertos.

Gracias a Dios, un médico estadounidense llamado William Gorgas (1854 –1920), había estudiado estas enfermedades y lideró un equipo que fumigó el lugar con una sustancia química que mató a la pequeña pero numerosa amenaza que significaba los mosquitos para los trabajadores del canal.

En el Antiguo Testamento también podemos leer sobre otro tipo de epidemia, la idolatría en el reino de Judá y la enfermedad mortal que la acompañaba.  Cuando se redescubrió la Palabra de Dios, el rey Josías dijo lo siguiente: “Porque grande es la ira del Señor que ha sido derramada sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron el mandamiento del Señor de hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro” (2 Crónicas 34:21). 

Al entender esto, Josías también comprendió que la cura para combatir el mal que los aquejaba se encontraba en las Escrituras.  Así que, comenzó a aplicar a su vida y al reino que dirigía, los principios que encontraba en la Palabra de Dios y tan pronto como empezó a implementar estas prácticas, un despertar inundó a todo su pueblo, llevando salud espiritual a todos los rincones bajo su dominio.

  1. Cuando descuidamos la lectura de la Palabra de Dios, invitamos a entrar a las pequeñas amenazas disfrazadas de gozo y alegrías pasajeras que en realidad encubren a la enfermedad mortal del pecado, entonces, asegurémonos de separar un tiempo todos los días para estudiar y meditar en las verdades que encontramos en la Biblia.
  2. La Biblia es la receta de Dios para conservar la salud de nuestra alma.

HG/MD

“Perfecto es el camino de Dios; probada es la palabra del Señor. Él es escudo a todos los que en él se refugian” (Salmos 18:30).