Lectura: Miqueas 5:1-4

La tranquila y pequeña ciudad de Belén, pasó de su estado normal a tener una población inesperadamente grande. Judíos que habían salido de ella, de repente estaban regresando a su ciudad natal, la razón: el censo ordenado por Augusto Cesar. Este tipo de censos que obligaba a los ciudadanos a regresar a su ciudad natal o donde tuvieran propiedades (una especie de domicilio legal) no era extraño, eran cíclicos y debían hacerse cada 14 años; el propósito de los censos era reclutar hombres para el ejército (el área de Palestina estaba excluido de esto), y asegurar el pago de los impuestos y tributos en las zonas dominadas por Roma.

En nuestra imaginación cada navidad regresamos a aquella pequeña aldea de Belén para recordar su nacimiento.  Pero al igual que José y María, no nos podemos quedar allí, debemos irnos; los ángeles regresaron al cielo, José y María se trasladaron a casa donde recibieron a los sabios de oriente (Mateo 2:11), no se quedaron en el pesebre; posteriormente, a causa de la amenaza de Herodes de asesinar al pequeño Jesús, se fueron a Egipto (Mateo 2:13-15) en obediencia al Señor.

La salida de los pastores del establo, nos envía un claro mensaje sobre lo que debemos hacer luego de encontrarnos con Jesús: “Todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les dijeron…Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho” (Lucas 2:18,20).

Es necesario que nosotros hagamos lo mismo que hicieron aquellos sencillos pastores; es un privilegio y honor inmerecido poder compartir con otros el mensaje de salvación.

  1. No te quedes ahí como un simple espectador; como quien ve una película, haz que otros escuchen y se maravillen al entender el mensaje de aquel Dios hecho hombre que habitó entre nosotros, y que hoy nos ofrece vida eterna al igual que a aquellos humildes pastores.
  2. No puedes quedarte con el Jesús recién nacido e indefenso que nació aquella noche en Belén, debes encontrarte con el Jesús Salvador que dio su vida por ti.

HG/MD

“Que hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).